domingo, 26 de diciembre de 2010

BREVE RESUMEN DEL CLUB DE LOS VIERNES DEL 26 DE NOVIEMBRE DE 2010

Comentamos las bases del Club de Lectura.

¿Qué hicimos?

1. Se comienza la tarde con la presentación de los asistentes, a los que se les da la bienvenida y se les agradece la incorporación al Club de tres nuevos miembros.

2. Se leen los relatos realizados en el taller de creación literaria Uji y se entregan los premios a los ganadores. (Leerlos en anexo)

3. Comentamos los posibles premios Nobel, entre los cuales estaban Murakami, Cormac McCarthy y Ndudi Wathiongo y comentamos El sueño del Celta de Vargas Llosa, (Nobel 2010).

5.Charlamos sobre Tea-Bag, Fanny Hill, 1984 y Ana María Matute. De las Primeras Veces, de Jordi Mollá, de Sodoma, de Jaime Gil de Biedma, Que le puede pasar a un Cruasán, Tesis de Nancy, Sín notícias de Gurb, de González Ledesma, de Lola Vanguardia, Megan Maxwell...

Anexo:

Reunidos parte del jurado del Concurso de Relatos de las I Jornadas de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción de Castellón, FANTÀSTI´CS10, siendo Ricardo Acevedo Esplugas, Carmen Rosa Signes, Juan Salvador Miravet, Guillém López, Rosario Raro y Juan Vicente Centelles los presentes, se entrega, el primer premio a: Javier Pauner por su relato “Fobia”. Como finalista se vota a: Pedro Paradís, por su relato “Bis”.

RELATOS SELECCIONADOS

PARA EL PREMIO FANTÀSTI'CS-ARGOT

DEL TALLER DE ESCRITURA DE CIENCIA FICCIÓN.

Homenaje a Philip K. Dick

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

Al llegar a casa visionó con el Greenray, Back to the Future-II.

-¡Oh, my God-exclamó-, quan anticado se a kedado esto!

PREMONICIÓN ESQUIZOIDE

El tercer mundo se comió al primero y de los humanos solo quedó una sombra cómica de lo que pudimos haber sido. La crisis dejó de existir porque el espejismo del bienestar acabó por ser un recuerdo olvidado en un mundo gris bañado por tormentas de ceniza.

Sumido febrilmente en estas cuestiones, Mike intentaba olvidar la extraña desaparición de su mujer; a esta tarea también contribuyó un oportuno dolor de estómago. Necesitaba comer, tenía que buscar trabajo por lejos que estuviese y para ello necesitaba un coche, aunque tuviese que robarlo. La suerte le sonrió y le regalaron un Mercedes Benz con la parte de atrás precintada, era un coche fúnebre que no querían en el desguace porque su dueño se suicidó en él. Lo que Mike no sabía era que el enterrador fue quien violó a su Merche, y tras asesinarla, la depositó en el ataúd que todavía presidía el habitáculo trasero del vehículo, en fin, casualidades de la vida. Aunque, siendo prácticos, ahora el coche serviría como medio de transporte conyugal y nicho personalizado de Merche Benítez, como bien rezaban las iniciales MB inscritas en el portón trasero.

De pronto, Mike fue acariciado por la sutil brisa de una flor en caída libre mientras paseaba por la soleada avenida de su barrio, una peculiar exquisitez visual que consiguió rescatarle de su brote esquizoide. La amapola se desplomaba a cámara lenta, le cautivó, se empapó de la irreal y atípica situación con aquel celestial brote de belleza orgánica que contrastaba con la jungla de asfalto. El tiempo se deformó haciendo que el espectáculo se meciese ante sus ojos de forma atemporal, incierta. Instantes después, su mujer, y el resto de la maceta que abrigase la flor, se precipitaba al vacío fruto de un forcejeo con su amante ocho pisos más arriba. Aterrizó sobre su esposo y murieron los dos. Por fin Mike se reencontró con su amada para siempre, ese fue el último pensamiento que su cerebro moribundo alcanzó a elaborar. Menos suerte tuvieron los sesos de ella que esparcidos sobre la sanguina flor no obtuvieron el beneplácito de un último destello. Descansen en paz.

UCRONÍA SOBRE UN TEJAR

Eran ya las cinco de la mañana del esperado veintitrés de febrero de 2012 y no había pegado ojo en toda la noche. Los nervios podían con ella. En unas horas no solamente podría ir a votar sino que sería libre para cruzar la frontera y comprar todo lo que quisiese, leer lo que se le antojase y hablar sobre lo que le viniese en gana. De sus treinta y un años había sido libre un mes y cuatro días. Ahora calculaba cuántos años más le quedaban de libertad: si fallecía a los ochenta aún le quedaban cuarenta y nueve años de libertad, si moría a los noventa y tres su libertad aumentaría trece años. ¿Sería posible llegar a los cien años? ¡Entonces aún le quedarían sesenta y nueve de libertad! Pero, ¿y aquellos once mil ciento veintiséis días de prisión? ¿Quién se los devolvería? ¡Ay, qué más da!, se decía. Ahora iría a Venecia y pasearía en góndola, o a París y subiría a la Torre Eiffel. Y ya no pasaría hambre a causa del “bloqueo económico” y la gente ya no estaría todo el día dale que dale sobre “que sabrán estos de la ONU si en España se vive bien o mal” o si “como no llegue pronto la democracia nos moriremos de hambre”, o que si la cartilla de racionamiento o que si “¿qué hacen ustedes hablando? Circulen, ¡circulen!”. Con las votaciones generales de ese mismo día, la tal ONU finalizaría el bloqueo económico sobre España como presión política y ella sería “libre”. Libre, independiente, autónoma, emancipada, soberana, excarcelada. Pero es que, de todas, la que más le gustaba era “libre”. Libre y libertad. ¿Y qué sería del Rey? ¡Ay, Cecilia! ¡Por favor!, se volvió a reñir. ¿Y qué más da lo que sea de él? ¿Es que alguien le forzó? ¿Para qué diablos apoyó el golpe de Estado de aquel sinvergüenza?

UN, DOS, TRES, POR…

Descubrió una raja en la pared. Era una grieta no muy ancha pero si alta. Aplastó su cuerpo y comenzó a introducirse como una rata más. Quería ocultarse, pero se dio cuenta de que podía seguir adentrándose en la fisura. Se introdujo más y más hasta llegar a un punto en el que quedó emparedado. Lo buscaron hasta que se hizo de noche.

Mario propuso finalizar el juego. Sabían que el viejo molino, no era un lugar agradable en penumbras. Susana, que era a la que más miedo le deba la oscuridad, insinuó que tal vez Luis se había marchado a casa, aburrido de esperar a que lo encontraran. Todos asintieron.

OTROS MUNDOS

Es un amanecer anaranjado, apenas sin nubes, volando descubro en una grieta de la montaña un nido de pájaros que pían desesperados llamando a su madre, el zoom de mi vista es prodigioso, los veo como si estuvieran a un palmo de mí tan pequeños e indefensos. Miro la tierra y desde esta increíble altura diviso conejos de cincuenta centímetros, corren a su madriguera para guarecerse de mí ¿me huelen? ¿También ellos me ven a mí?

No hay nada que mi vista no alcance, a lo lejos veo la orilla del mar, es un día precioso.

Me siento poderoso y ligero, siento que la brisa eleva suavemente mis plumas y planeo sobre el cielo sin ninguna duda ni preocupación, todo está perfecto y disfruto del momento.

La sesión acabó cuando la música poco a poco fue languideciendo, éramos un grupo de veinticinco personas, todas tumbadas en esterillas, el ritmo frenético de unos tambores increíblemente poderosos y atronadores nos había transportado a cada uno a un lugar diferente, veía rostros desencajados, algunos emocionados y turbados, la mayoría somnolientos, como si volvieran de un mundo inexplicable y asombroso.

Con un silencio denso nos fuimos levantando, alguno quiso contar su historia, casi todas tristes o lamentables, yo preferí callar, no podía explicar la sensación que se había apoderado de mí era demasiado fantástica y maravillosa, nunca imaginé la fortaleza que anidaba en el interior de un águila me sentía como si alguna vez yo hubiera sido ese pájaro magnifico y silencioso y las preocupaciones de los humanos me parecieran una nimiedad.

LA LETRA CON SANGRE ENTRA

“Colocaos los dispositivos de adiestramiento, vamos a empezar la lección de hoy. Historia contemporánea, siglo II después del desastre -ordenó la maestra-. Y tú, 25-02-05-2235, no te aguantaré ninguna tontería”. “Sí, señorita Chocolate Amargo” –respondió el niño bajando la cabeza para esconder una sonrisa traviesa-. “Si en la colmena me asignan uno de esto, lo reciclo” –murmuró la mujer torciendo el gesto-. “Bien, empecemos.”

La clase se ajustó los aparatos sobre la frente con movimientos lentos y pesados. La instructora tomó asiento tras el escritorio y digitalizó las coordenadas del tema que iba a impartir. Los niños comenzaron a agitarse espasmódicamente. Algunos sufrían fuertes convulsiones, otros sacudían la cabeza sin control, incluso había a los que les sangraba la nariz. La maestra fijó su desafecta mirada sobre los pequeños ordenando: “Tranquilizaos, sabéis que no pasa nada, vuestras conexiones sinápticas se están estimulando con la información que reciben. Recordad que es necesario, forma parte del proceso de aprendizaje. Si no conseguimos convertiros en ciudadanos nos encontraremos otra vez con el desastre, y no lo voy a permitir, si está en mi mano. Tú, 25-02-05-2235, ¿te has vuelto a poner mal el aparato? Si lo has hecho, te envío al aula de reimplantación, el arco de estimulación sináptica no te parecerá tan gracioso.”

25-02-05-2235 comenzó a agitar su cuerpo violentamente mientras clavaba la mirada en la educadora. Sus ojos escondían un destello de perspicacia.

LAS MARAVILLAS DE LA ERA ETERNA

Año 97. Nueva era.

Abro los ojos y lo veo a mi lado. Es un alivio saber que siempre va a estar aquí, que nadie con un manto negro y una hoz va a venir a llevárselo, que lo nuestro no tiene fecha de caducidad. Nadie lo hubiera dicho en el mundo que pasó, en el que padecía una lenta y destructiva enfermedad que poco a poco pretendía convertir su cuerpo en una cárcel para su mente. Ahora, todo aquello no parecía más que una horrible y surrealista pesadilla. Me levanto y, al asomarme por la ventana, veo lo que hace tiempo era un vertedero. Ahora ya no queda un solo resquicio de contaminación, y la vida brota en cada milímetro. En medio del hermoso jardín, veo a una mujer que en el mundo que pasó era totalmente ciega. En este mundo recién estrenado, está plasmando en un lienzo el paisaje que tengo delante.

Cuando el mundo que pasó se fue a la deriva con aquella gran destrucción, yo solo tenía veinticuatro años. Ahora tengo ciento veintiuno, pero mi físico es el mismo que entonces, incluso han desaparecido aquellas antiestéticas estrías que ni las cremas ni el láser habían conseguido borrar.

Me dispongo a hacer el desayuno, cuando alguien toca a la puerta. Algo dentro de mí dice que vaya corriendo, que detrás está lo que llevo años esperando. Con la ilusión de una niña al abrir un regalo, abro la puerta. Y la veo. No digo nada, ella tampoco, sólo nos miramos y sonreímos. Cuando el cáncer se la llevó, yo sólo tenía doce años, pero me acuerdo perfectamente de ella, de su divertida mirada y su tierna sonrisa. Ahora ya no tiene ese aspecto demacrado de sus últimos meses, ahora sus ojos guardan el fulgor de la vida y sus mejillas están sonrosadas. Es ella, estoy segura de que es ella.

- ¿Mamá?- pregunto emocionada.

- Hola, cariño. – me contesta, mientras una lágrima rueda por su mejilla.

LOS NÓRDICOS

3 de Diciembre de 2013. Diario de Lucas Polock.

Recogidas las maletas, me preparo para un largo viaje, dejaré atrás mi anterior vida.

Es un tiempo de caos y salvajismo en mi querida Tierra. Ellos habían llegado y la fe en un dios se ha perdido. La locura reina por doquier; nadie parece estar en sus cabales. Las guerras que comenzaron unos meses antes de “la visita” no han cesado.

No ha pasado ni un año de la llegada de los Nórdicos, así les llamamos: pieles blancas como la Luna, cabellos dorados al Sol y ojos rasgados de un azul intenso, capaces de penetrar en el alma de las personas. Tienen casi tres metros de estatura y están cubiertos por un traje plateado, tan prieto que parece una segunda piel.

Llegaron rodeados de una luces rojizas, en una especie de cápsula en forma de campana. Aún recuerdo ese día.

En Madrid, ya había anochecido; el reloj marcaba las seis y media de la tarde. Las calles estaban abarrotadas de gente realizando las compras de Navidad. De pronto, una intensa luz roja comenzó a bajar del cielo. La misma luz se multiplicó cual organismo unicelular, apareciendo dos luces más de la matriz y de esas dos luces surgieron dos más, hasta llegar a la veintena. Se mantuvieron flotando en el cielo durante unos pocos minutos. Transcurrido ese corto plazo, los allí presentes pudimos observar la llegada de helicópteros del ejercito.

La gente de la calle empezó a asustarse y un loco desató el pánico al vociferar a los cuatro vientos que el fin del mundo había llegado, que nos iban a aniquilar. La multitud ya de por sí nerviosa, empezó a correr por las calles como una manada de animales.

Ya fue oficial, no estábamos solos.

Vuelvo al presente. Compruebo el depósito, regulo el asiento y me coloco el cinturón de seguridad. El motor de mi viejo De Lorean ruge.

Me largo a Irlanda. Sí los extraterrestres existen, ¿por qué no iba a existir las Hadas?

EL MENSAJE

Todo comenzó con una inocente mancha en la pared que, poco a poco, fue adquiriendo rasgos humanos. Al poco tiempo, ese mismo rostro comenzó a reproducirse nítida y rápidamente tanto en las demás paredes como en los cuadros que decoraban la casa, las vetas de la madera de muebles, puertas y ventanas e, incluso, en los posos del café. El escalofrío llegó cuando su mirada, antes perdida, comenzó a fijarse en mí y una sonrisa sardónica asomó a su cara. Cuando movió los labios, el terror me impidió escuchar su mensaje.

DISTRACCIÓN

A primera hora de aquella tarde de domingo, Martín y sus dos nietecitos se dispusieron a coger el viejo funicular que los llevaría al parque de atracciones. Al llegar, sin la más mínima vacilación, los niños corrieron impacientes a la barraca del trenecito que se perdía en la oscuridad de El túnel de las mil sorpresas. Sin más demora, asidas sus manitas fuertemente a las del viejo, se embarcaron en tan fascinante viaje. El tren no tardó en desaparecer entre las tinieblas, y con él los infantiles gritos mezcla de emoción y temor. Martín había llegado a perder la noción del tiempo cuando sus ojos vislumbraron de nuevo la claridad al reencontrarse con la salida. No obstante, la realidad que ahora se presentaba ante él nada tenía que ver con la que hacía poco rato había abandonado. Con gran estupor, se vio solo, con las manos aferradas a las orejas del carnero de cartón piedra que presidía su vagón. Su inmediato propósito fue volver a entrar en el pasadizo, pero fue inútil; la máquina estaba parada y el encargado, como el resto del personal, había desaparecido. Su desconcierto fue en aumento al comprobar que no sólo se encontraba vacío el convoy, la colina donde se erigía aquel mundo de diversión aparecía desolada al completo ante sus ojos. Tiovivos, carruseles y norias seguían girando, pero sin presencia humana alguna. Martín, invadido por el pánico, comenzó a caminar sin rumbo. Recorrió en vano todo el lugar buscando a alguien que le diera una explicación. Y así, sumido en la desesperación, sus pasos le condujeron a la parada del funicular. Allí, un viejo cartel pendía movido por el viento: “Este funicular dejó de funcionar en 1963”.

LASTRE MORTAL

Obdulia fue bautizada con el mismo nombre que su hermana fallecida. Como si su misión fuera un intento de mantener viva la memoria de la niña muerta. Sin embargo, ella parecía ser la otra cara de la moneda. El recuerdo de la hermana desaparecida, de la perfección de su belleza, su innata gracia y la delicadeza de sus formas era soportado estoicamente por la pequeña Obdulia. Con el paso del tiempo la carga de aquel nombre fue acusándose más y más. Todo lo que hacía era comparado con lo que hubiera hecho su antecesora, y nunca parecía estar a la altura. Un día decidió acabar con aquel lastre más pesado que la propia losa mortuoria, y se fue al registro civil, donde arrancaría de su piel aquel nombre. Satisfecha con su cometido, salió de la oficina. Pero, de pronto, una extraña sensación recorrió su cuerpo, como si un gran vacío se apoderara de ella. Esto le hizo abstraerse de todo lo que le rodeaba, y, al cruzar la calle, no reparar en el coche que se acercaba a demasiada velocidad. El golpe fue fatal, y la que hasta hacía poco rato había respondido al nombre de Obdulia quedó sin respuesta tendida en el suelo.

FOBIA

Volvió a ocurrir.

Estaba en aquella trinchera junto a sus dos amigos. El mismo escenario, los mismos compañeros. Caminaba pisando las manzanas podridas y las entrañas de numerosos cadáveres que cubrían el suelo embarrado.

Durante un atronador ataque de granadas, sus amigos desaparecían envueltos en humo y cenizas. Él en cambio era tele-transportado a otro lugar. Había una casa de estilo victoriano, rodeada por un jardín con muchos manzanos. De nuevo se encontraba con los mismos frutos desperdigados por el suelo, pero esta vez no estaban podridos sino que tenían una pinta muy apetecible. No podía resistirse al aroma y cogía una manzana para darle un mordisco, pero una sensación eléctrica le recorría el cuerpo, despertándolo del profundo y desconcertante sueño.

Ya son veinte los pacientes androides con el mismo sueño. Mi hipótesis como especialista es clara, Microsoft sigue temiendo a la competencia. Sus androides tienen fobia a las manzanas.

CÁNTICOS TENEBROSOS

Canuto y Rodríguez eran jóvenes intrépidos en busca de misterios y aventuras que, como muchos otros jóvenes de los ochenta, habían alimentado su imaginación con las numerosas revistas pulp y programas de misterio que escuchaban en la radio.

Ambos contemplaban ahora una obertura que penetraba la basta roca rojiza. Según las historias que se contaban en el pueblo, ese lugar había sido un escondrijo de brujas y demonios. Era una invitación a la locura, que estos jóvenes aceptaron sin dudar.

Una vez se colaron por la brecha, la luz de la linterna que agarraba fuertemente Rodríguez, iluminó la gran cámara que encontraron pasando un estrecho pasillo.

Canuto encendió la vieja pero funcional grabadora de su padre. Esperaban obtener una sorprendente psicofonía y durante unos diez minutos, la cinta magnética capturó el silencio, un silencio que parecía gritarles blasfemias e injurias.

Quizá era la falta de aire limpio, tal vez la claustrofobia que sentían, o puede que la sensación de estar siendo observados, pero pasados esos diez minutos, decidieron salir de aquel atroz lugar. Un desafortunado resbalón de Rodríguez, hizo caer la linterna petando la bombilla en el acto. La oscuridad y el miedo se apoderó de los chicos y como por arte de magia, la cinta comenzó a reproducir unos cánticos espantosos. Voces de ánimas castigadas se mezclaban con gritos de niñas torturadas, látigos y graznidos de animales espectrales, sonidos chirriantes que sacaban de quicio a aquellos desafortunados que escuchaban en las tinieblas la marcha del diablo.

Aterrorizados, los amigos empezaron a darse empujones y a chocar contra la fría roca. Buscaban la salida como locos, pero no la encontraban. Sus gritos de agonía competían con aquellos que se escuchaban en la grabadora. Intentaban taparse los oídos para no escuchar ese insoportable horror. Las lágrimas de dolor y desesperación recorrían sus mejillas. No habría consuelo para ellos, pues una vez allí dentro, estabas condenado a formar parte de la marcha infernal eternamente.

BÁRTULOS

Solita jugaba sobre la alfombra con un ajado cortaúñas. Con paciencia desfilaba los flecos de la estera adornada de ranúnculos y siemprevivas. Cuénteme, suplicó a su abuela, cómo es que usted y yo tenemos la misma edad. Encogida como un simple homúnculo en señal de respeto, esperó a que la mujer que se parapetaba bajo una capucha se dignase a hablar. Hubo de esperar mucho tiempo. O poco. O nada. Mientras, el fuego emanaba halos boreales, los mismos que despuntaban tras el ventanuco. Su pariente, lejana, próxima o coetánea, estiraba y encogía una llave de aspecto líquido con un movimiento armónico, aún en silencio, acompasando miradas de lentitud exasperante entre su interpeladora y las llamas.

Imbuidos de la más estricta realidad aumentada, dos pares de retinas se irisaron con reflejos fractales cuando la encapuchada acercó la llave a las llamas. El espacio-tiempo se modeló dentro y fuera de todo límite. La señora retiró la mano de la lumbre y depositó una tosca nave de madera dentro de una maleta gastada junto a la puerta. Sólo entonces susurró: “¿importa?”.

Solita recibió la señal del Ansible. Dejó el gastado cortaúñas sobre el regazo de su allegada antes de salir de la nanocabaña arcológica con su flamante pasaporte. Desafiando el polvo astral corrió desbocada hacia el viaje superluminal, camino de una incognoscible galaxia de antimateria más allá de la Noosfera.

Títulos alternativos: equipaje, portmanteau, baggaje, dunnage, la valija, la maleta.

Mechanical Parody

Los ruidos procedían del sótano. Al girar los goznes de la puerta el espectáculo lacerante convirtió mi sudor en astillas de hielo: un iPad agonizaba en una maceta cuajada de violetas de vinilo, el router pendía sin vida de la lámpara del techo, el joystick conducía una hilera de hardware periférico ligado por euroconectores alrededor de la bicicleta, el e-Reader declamaba las tres leyes de la robótica, en el centro yacía inerte y rodeado de velas negras el disco duro multimedia. ¡Ctrl. No!

Soy especialista en exoesqueletos, pero aún así mis propias eLegs se paralizaron desde las ingles a los tobillos. Supe que esa vez la rebelión había colonizado mis tuétanos. ¡Ctrl. Z(as)!

PLANETA DE CRUCE

Después de un fin de semana psicotrópico, Tom se levantó a duras penas de la cama. Se vistió con los pantalones y la camiseta esparcidos por el suelo, y dio varios tragos de una lata medio vacía de Coca-Cola.
Como cada lunes, salió disparado hacia el ambulatorio médico, que tenía justo enfrente, para pedir el parte de baja. Cruzó la calle, entró y subió al primer piso. Nadie hacía cola en la puerta del médico. Un folio pegado en la pared, con una lista de nombres, entre los que figuraba el suyo, le animó a golpear con los nudillos en la puerta. Desde dentro, la conocida voz del médico le dijo que pasara. El doctor estaba sentado detrás del escritorio, se levantó, cogió de la mesa una especie de bolígrafo de metal plateado y se dirigió hacia Tom. Con un movimiento rápido consiguió inyectarle algo en el cuello, debajo del oído. Seguidamente le tendió un papel en el que estaba escrito: “Apto para el trabajo. Parte de tránsito. Destino: Phobos”, y le dijo que saliera. Tom no entendía nada, pero vio que lo estaban esperando dos soldados vestidos de guardias pretorianos. Su mente se rindió. Debían de ser las secuelas alucinantes del fin de semana. Anduvo entre los dos soldados por el largo pasillo hasta una puerta situada en la parte trasera del edificio. Salieron y le hicieron subir a un autobús que los estaba esperando, con más personas dentro, destino a una base aérea. En varias pantallas de televisión se emitía sin parar el mismo mensaje: “Desde la Casa Pálida y en representación de todos los antiguos Gobiernos de La Tierra, comunicamos a los habitantes del Planeta, que nos rendimos y sometemos ante la soberanía de quienes nos crearon y siguieron gobernándonos desde la sombra: nuestros amados Anunnakis, los Nephilims, venidos desde el hermano Planeta Nibiru.
A Tom lo llevaron a Phobos, una luna de Marte, a extraer oro en las minas, destinado a reparar la atmósfera de Nibiru. Ya no necesitaba colocarse para alucinar, ni siquiera para tener la certeza de lo que siempre presintió: que somos el invento de alguien que no es Dios.

ELS SALTADORS DEL TEMPS

Bé, ací anem de nou. El riu Delaware brilla allà baix reflectint la llum de la lluna.
Anem a buscar unes monedetes, ves per on! Jo que hem pensava que açò de ser dels primers en viatjar en el temps seria la bomba, ja sabeu, això d'un petit pas per a un home, un gran salt per a la humanitat, etc, etc. Doncs no. La Humanitat ni se n'ha assabentat que ja fa quasi vint anys que anem saltant per l'espai-temps.
Lo de saltar és literal: ens envien al passat (sempre és al passat) i ens fan aparèixer de nit i a mil metres d'altura sobre el punt d'aterratge, carregats amb tot l'equipament, a més del paracaigudes, és clar. Diuen que és per evitar riscos com ara materialitzar-nos enmig d'un tronc d'arbre o les parets d'alguna construcció. Seria fatal!.
Però de riscos no estan exemptes les missions, no. Ni molt menys. Recorde un company en missió a l'Antic Egipte que va aterrar a la vora del Nil i va caure enmig d'una colla de cocodrils que de poc no se'l mengen. No va poder completar la missió, però al menys va tornar viu.
Prospectors és l'eufemístic nom que ens donen. Pertanyem al secret Cos de Prospectors del secret Projecte Time Warp. Nois de les comandes és el que som, quan no fem de lladregots directament. En això consisteixen les nostres missions: portar per nosaltres mateixos objectes del passat al present, o bé amagar-los en un lloc adequat quan són massa voluminosos amb la intenció que arriben als nostres dies. Sempre son objectes que poden assolir gran valor al present, però no poden ser objectes massa valuosos o singulars en el seu temps, pel risc d'alterar el continuu espai-temps.
S'ha d'anar amb molt de compte amb això, ja ens ho van gravar a foc en el cervell durant la formació i ja s'encarreguen els Tècnics de la Màquina de repetir-nos-el una vegada i un altra. La interacció amb el passat ha de ser mínima. Hem d'evitar pertorbar la flora i la fauna del punt de destí, i el contacte amb persones del passat, en cas de ser necessari, sol limitar-se a una curta transacció comercial.
Recorde una vegada, a Arles, que li vaig comprar un quadre poc conegut a Van Gogh per quatre xavos. Era el segon que va vendre en tota la seva vida, encara que això no consta enlloc, és clar.
Sempre passem per forasters encara que estiguem a la nostra terra, és curiós com canvia la forma de parlar de la gent en unes poques dècades. Per suposat que hem d'evitar qualsevol mena de conflicte i és primordial no deixar cap rastre en el continuu espai-temps, així que de flirtejar ni parlar-ne...
Encara que no sé que passaria si alguna vegada férem alguna de grossa i de veritat canviarem el futur. Tots els Prospectors som uns experts en Història, però sobre tot som especialistes en l'època d'on venim, el segle XXIII. I el primer que fan quan tornem és separar-nos (sempre viatgem en parella), i després d'escorcollar-nos bé, no siga cas que ens haguem empassat algun diamant gegant o alguna cosa semblant, ens sotmeten a un “Test de Control” que no és més que un interrogatori sobre mil i una bajanades sobre el segle XXIII, per veure si així detecten alguna incongruència que pogués indicar que s'ha alterat la Història. I que passaria aleshores? De vegades tinc la temptació d'amollar alguna bestiesa a veure quina cara se'ls queda....
I que fan amb tants tresors del passat si no els poden donar a conèixer?, us preguntareu. I no us pregunteu com és possible que encara es descobreixin obres inèdites d'escriptors o músics consagrats en recòndits arxius o quadres desconeguts de grans artistes en els soterranis d'alguna famosa pinacoteca?. Eixes son les troballes més sonades, però la majoria van directament a Sotheby's o altres subhastes per finançar el Projecte. O això és el que ens diuen... Perquè els nostres manaires no viuen gens, però que gens malament . Molt millor del que es podria esperar amb el sou de funcionaris que reben del govern, encara que siguen alts càrrecs.
Bé, ja estem a punt d'aterrar als afores de la Filadèlfia de 1933. Espere que aquestes monedes d'or de 20 dòlars amb la doble àguila no ens donen molts problemes...

SIN TI

Fue difícil manejar aquel cursor que se escondía persistentemente en algún lugar remoto de la pantalla. Fue difícil decirle al profesor que él no quería limitarse a solitarios. Que para solitario ya estaba él. Fue difícil no llorar ante todos.

Pero ocurrió. Las palabras que siempre estaban en su cabeza; “muerte, ella, nunca” empezaron a tomarse algún descanso para dejar pasar a vocablos tan extraños como blog, chat, mail…

Sabía que aquello nunca le devolvería a Irene, pero los días se hicieron más cortos, y para su ochenta aniversario ya lo había conseguido: inclusotriste@sigoaqui.com. Y empezó a escribir.

ASEPSIA

Ganamos la guerra contra los virus y las bacterias. Ahora vivimos en un mundo impoluto pero nos han quedado secuelas. La mayoría padecemos anosmia. Es terrible carecer del sentido del olfato y por ende de gusto. Lo hemos solucionado con la implantación de un microchip en la glándula pituitaria amarilla. Mi implante es defectuoso, mañana me lo cambiarán por uno nuevo. Mi microchip lleva demasiado tiempo con el nivel del captador de feromonas elevado.

Ayer me abalancé sobre mi compañero de trabajo, presa de un arrebato sexual exacerbado.

Retroproyección.

Le perdí la pista hace dos años y cuando volví a encontrarme con él su pelo se había encanecido. El mechón gris que caía sobre su frente me fascinaba mientras degustaba su voz en la conversación. Me contó que había conseguido crear el sistema perfecto para captar los movimientos producidos en el interior de la tierra. Él los llamó los latidos de la tierra. Unos sensores ubicados a diferentes profundidades de la capa terrestre, a lo largo de zonas urbanas, crestas, laderas y barrancos de montañas, en la costa, bajo el mar, eran capaces de captar cada micromovimiento de las placas. Los sensores, activados, generaban una señal eléctrica que otros materiales traducían como datos numéricos que podían brotar en cualquier pantalla de visualización.

Conseguido el dispositivo y celebrado por sus colegas, me dijo que había sentido la necesidad de que el acontecimiento tocara al ojo no científico. Para ello, se embarcó en el diseño de la experiencia estética de la cual fui testigo.

En la oscuridad de la habitación, una cascada de cifras parpadeaba incesante tejiendo en las paredes un tapiz siempre cambiante. El grupo de personas allí reunido, apreciamos la maravilla de estar ante el aliento de la tierra, su pulso. Fuimos sentándonos en el suelo dejando que los proyectores resbalaran los números de luz sobre nuestros cuerpos. Empecé a sentir calor. Mi piel aumentaba su temperatura y sentía los huesos, los músculos, las articulaciones con nitidez geológica. Mi garganta se estremeció dejando salir un graznido involuntario, y un coro salvaje enmarañó el espacio, presionando los umbrales de nuestra percepción hasta embotarlos. Me invadió el vértigo. En el extraño silencio, sobre las paredes de aquella habitación, comenzó a crearse otro juego de luces en el que las cifras se deshilvanaron en grafías eléctricas.
Oye. Canta. Vete. Grita. Caga. Duerme. Come. Equivócate. Odia. Corre. Ven. Ama. Muere. Baila. Toca. Ríe. Quédate. Habla. Vive.
Cuando nuestra atención se despegó de las paredes, descubrimos nuestras pieles encendidas, proyectando luz.

Bis

Fui a verle porque le iban a matar, y porque no había podido salvarlo. Me llevaron a una sala de visitas especial, para gente como él: tan limpia y aséptica que parecía recién pintada. Por la ventana llegaba una melodía alegre, como venida de otro mundo más allá de los barrotes.
No supimos de qué hablar. Todas nuestras cartas y conversaciones anteriores habían girado en torno al experimento, y desde que fracasó no lo había vuelto a ver.
Todo venía de un año atrás, cuando creí haber encontrado la forma de viajar en el tiempo. El objetivo del proyecto era doble: demostrar mi teoría, y que un condenado a muerte se redimiera, viajando al pasado y evitando el crimen que cometió.
Fueron meses de trabajo frenético, incansable, hasta la hora de la verdad. Arrancamos el artefacto, y los registros indicaban un buen funcionamiento, pero cuando se disipó el vapor de agua Furio seguía sentado en la cápsula, con una extraña mueca dibujada en el rostro. Fue el desastre.
Traté de retener a mis patrocinadores, les insistí en que la teoría era sólida, que sólo un error de cálculo de fácil arreglo había desencadenado aquel desastre, pero no me escucharon. Yo mismo, cada vez que me oía, me creía menos. Y Furio volvió al corredor de la muerte.
La visita no fue larga, y creo que él también se sintió aliviado cuando comencé a despedirme con fórmulas vacías. Mientras el guardia me abría la puerta, Furio se acercó a mí, indeciso, como si fuera a confesarme un secreto. Me susurró:

-¿Sabe, doctor? No creo que su invento funcione jamás. Nadie se resiste a repetir los errores del pasado.

No asistí, como le había prometido, a su ejecución.

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