lunes, 7 de febrero de 2011

PREMIO CERTAMEN INTERNACIONAL FICCIÓN ERÓTICA argot.es y Revista Digital miNatura

GANADOR Y FINALISTA CUENTOS Y POEMAS FICCIÓN ERÓTICA 2010
Especial Revista Digital miNatura dedicado al Certámen de Ficción Erótica.
Desde aquí se puede leer completo:
http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura108.pdf
Los premios y los diplomas se enviarán durante el mes de febrero de 2011.


GANADOR
"Cañón" de Luis Alberto Chávez Fócil. MÉXICO

Que vieras entre nubes hacer a tu mamá “streep tease” con una orquesta de tercera a sus espaldas, como arrinconada en una herida de la más profunda oscuridad y un saxofón –soplado por un borracho a intervalos- fuera la especie de marco musical arrabalero mientras que ella, displicente, comenzara a despojarse como margarita y sus olanes, sus brocados blancos, cayeran poco a poco; que se desplomaran no al camastro del hotel de paso sino como que se viene el mundo: a cada golpe del brassiere, medio fondo, ligas; arremangado su vestido encima de una mortecina lámpara y un ratón de la atarjea cruzara a toda prisa en tanto de nuevo el saxofón de mala muerte, ejecutara un halo de alcohol y puro vicio. Que tu mamá, con el índice como ganchito, iniciara a interpretar universal un llamado mientras su boca acomodara un ósculo al oxígeno y se doblara un tanto hacia adelante, sobre la mesa raída o encima de un cojo buró o de la cama del cuarto de a cincuenta pesos rato. Maravilla, como agujero en la atmósfera, como glúteo al aire en donde puedes observar que otras muchachas tienen los calzones rotos. Entonces tu mamá, que continuaría bailando como poseída, de pronto se quitara la última prenda, mínima por cierto, blanca por cierto, y la arrojara hacia tu rostro, impávido de ver cómo la desnudez de tu progenitora, esa hembra que te trajo al mundo, te causa un escozor de frío, un gato trémulo, un vidrio que te rasga el alma. Y entonces tú desobedeces, a la moralina del catecismo dominguero, a los mandamientos que en número de diez te han inculcado a fuego. Tu mamá está que arde, viene, llega peligrosamente, se acerca despaciosa. Ah qué pubis de negrura, qué celaje de cielo bajísimo, de penetrar el misterio, tocar la pulpa del hambre, saciar el agua cuando en eso sientes cómo tu mamá coloca un beso en tu frente y sale de puntitas, jovencito, que sabes has humedecido otra vez las sábanas.


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FINALISTAS CUENTO
"Psiquiatría Deficiente" de Pablo Martínez Burkett. ARGENTINA
Il y a un autre monde, mais il est dans celui-ci
Paul Eluard


La realidad es como una casa de infinitas puertas donde cada quien elige por cuál acceder. Algunas puertas nos llaman; otras, están vedadas. Algunas nos son propicias; otras, nos eluden. Sin embargo, en el diario peregrinar es preciso entregarse a un sinnúmero de bloqueos que hacen posible la convivencia. Así por ejemplo, ya no me pongo a pensar que mientras mi secretaria toma el primer dictado, aún le arden las entrañas por las diligentes acometidas de su novio. O que, cuando la recepcionista alegó que aquella visita al médico se extendió más de la cuenta, no fue sino una excusa para prodigarse con un fulano en hostal de la zona. Del mismo modo, ya no se me da por sospechar que el andar patizambo de la tía de Facturación, es producto del concilio fraudulento de las cervezas que rindieron las colinas de su espalda. O que la severa jefa de personal llegó tarde, porque al santo se le despertó el cimbrel, justo antes de salir de casa.
Por el contrario, restrinjo mi mirada sólo a representarme una secretaria, bonita pero discreta o una telefonista, simpática pero eficiente. Con ingente esfuerzo y no poca medicación, mi psiquiatra ha logrado persuadirme de ello. Hoy puedo ver a una mujer. Una mujer sin matices. Al presente, no imagino a un amante, arrodillado frente al retablo negro de su vientre haciendo profesión de fe. Ya no me figuro amazónicas cabalgatas que engendran sedición en la piel y revolución en el alma. Ni me detengo en acuñar retratos de apetitos trogloditas rematando faena con libaciones entusiastas. He podido silenciar los susurros, los latidos; los gemidos…he conseguido desoír el eco que se suscita en el ecuador de los cuerpos cuando se detiene el tiempo.
Reconozca conmigo que son todas interpolaciones necesarias, pues de otra manera no se podría trabajar, coger el metro o simplemente, ir de paseo. Y en buena hora que así suceda, porque en espíritus sensibles como el mío, tanto derroche de lujuria puede provocar un severo desarreglo nervioso. Horas de comprometida terapia me han rescatado.
Todo iba estupendamente bien. Estaba prácticamente curado. Hasta hace un rato, cuando vi a la rubia de Contratos y Pasantías almorzando un yogur en la cantina. Una pizca del lácteo sobre el labio inferior disparó la primera anomalía. Y la pasada del dedo índice, de lado a lado, ida y vuelta; terminó por desbaratar tanto esfuerzo conciliatorio.


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"Hábito" de Daniel Ávila. COLOMBIA
Aquí estuvo el dueño de este abdomen, escribía Karim Rotz sobre el cuerpo de su novia. Por esta piel se derritió mi saliva y mi lengua encontró destino sobre estas curvas. Mis dientes fueron testigos presenciales de los deseos de estas cumbres y sobre estos pezones rojos y tiesos mis labios resucitaron durante once noches seguidas. Alrededor de este ombligo caí hipnotizado, y aquí, justo aquí al lado de esta coma, Odín se apoderó de esta cueva que le cumplió más de tres, más de cuatro, más de quince caprichos. Estas caderas están selladas con mi rabia, esta espalda con mis yemas, este cuello con mi fuego. “No lo hagas más difícil, por favor”, le dijo ella. “Ya casi termino, Lucía”, replicó Karim con la voz quebrada sin soltar el marcador. “Si me dejas para entregarte a Dios, de algún modo debo asegurarme de que conozca tu pasado”.

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"Las Otras" de Pamela Sabrina Terlizzi Prina. ARGENTINA
(Nadie, excepto el mirón que en el estupor y el ansia, imagino,
olvidó su sombrero de paja, al pie del ventanal).

Las dos amasábamos pan para la noche. Ninguna tenía experiencia, ni en el pan ni en lo otro. La casa habitada sólo por nuestro castigo sobre la masa, por el paquete de harina, yendo de mis manos a las suyas para secar la humedad entre los bollos y la mesa. No supimos hasta después que sería en vano. Sus labios rebotaban, entreabiertos, a la vez que sus senos se dibujaban bajo la blusa. La paz se me acabó en sus pezones y me llamó a lamer por dentro el calor que me crecía bajo el ombligo. Nos mirábamos de reojo, poniendo en la espesura tibia que teníamos entre manos, la cadencia con que nos hubiéramos besado el cuerpo. Con más torpeza que disimulo hundí mis dedos en su pan, todavía crudo, con las palabras atoradas, pero la lengua presta. Supe que me aceptaba cuando los botones fueron cediendo bajo sus manos sucias. Rodeando la mesa llegué a su boca, a sus pechos desnudos, a besarle el vientre y hundir mis dedos en una tibieza, ahora viva y madura. Ella, presa del método rítmico de mi lengua, tembló y echó a andar un río mezcla de ácido y dulzor. Después, como una sombra creció sobre mí; con mi cabellera en un puño me besó con una indecencia imperturbable. Todo fue gozo y pecado y sabor. Emanamos de la piel un aroma amarillo y agudo, y abrigadas en la desnudez, aguardamos sobre la mesa que el pan saliera del horno. Cómplices, lo saboreamos en silencio en una mesa llena de ignorantes. Nadie supo jamás que en la cocina fuimos otras. Más mujeres y más diosas. Más libres en la cocina que nos encarcela; más ella, y más yo.



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"Ahora Si Se Mueve" de Osvaldo Pérez Padilla. CUBA
Observas como el alacrán clava su aguijón en el pezón izquierdo de ella, ese, el que más te ha gustado besar, succionar y morder. El arácnido termina de inyectar su veneno y ella no se mueve.
Después de dejar su marca, el animal viaja por el abdomen hacia el sur del ombligo y tú lo miras, sonríes, recuerdas las tantas y tantas veces que tus labios y lengua han transitado ese sendero, sigues observando para ver si va hacia el mismo lugar en que otras veces lamiste, su húmeda selva, como ella le decía, y que tu bautizaste como el monte del gran cañón.
El bicho continúa su andar y ella no se mueve. Pero, ¿qué haces?, estas loco como vas a tomar rumbo opuesto al escorpión. Después de besarle los pies, tus labios trotan por la pierna de ella hacia el norte de su cuerpo, parece que quieres llegar primero que él al gran cañón. Como si fueras un arácnido clavas tus colmillos en su muslo, pero ella no se mueve. Apuras tu trote, sin embargo, él está más próximo que tú al objetivo, das un salto y te le enfrentas. Su aguijón está frente a ti…
Despiertas y la ves como ella comienza a tragarse por su gran cañón tu muñeco y… ahora si se mueve.

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"Cuatro" de Yolanda Galve Campos. ESPAÑA
Se acercaba el otoño a pasos agigantados por su redondeada cadera en forma de mano lujuriosa. Pellizcaba, arañaba, palpaba, se acercaba al pubis quemando cada trozo de piel que acariciaba. Por la espalda, el frío invierno bajaba transformado en un fino consolador de goma apto para cavidades ocultas. Despacio, suave, como los copos de nieve al caer. Se deshacía de placer al entrar en contacto con él. Los labios de la primavera se comían sus pezones como fresones, con nata incluida, mordisqueándolos alternativamente y sin tregua. A la lengua le gustaba dibujar con la punta el final abrupto de sus pechos erectos. Por fin, el esperado sol entró de lleno en ella impregnada de humedad y haciéndole gritar: ¡Ha llegado! ¡Ha llegado el verano!
El otoño se quedó dormido en seguida, el invierno se acurrucó solitario en un lado de la cama redonda, la primavera fue a darse una ducha fresca y el verano se sumió en un agradable duermevela en sus brazos.



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"Narración Para Una Suegra" de Yusimí Rodríguez Ricardo. CUBA
“No puede ser de otro modo. O cielo o infierno. Nada de cómodo y pacífico
purgatorio intermedio” W.F.

Coloqué la taza en la mesa de luz mientras la observaba desvestirse. Todas las noches, asomada al balcón espero a que llegue y cuando aparca el coche y sube, ya tiene el café recién hecho.
Le miro desde una esquina de la habitación y cuando termina de cambiarse me da un beso en la frente y dice, qué hermosa eres, mi niña, muchas gracias por todo…
Tiene labios muy gruesos, pero perfectamente dibujados y los ojos grandes color avellana y el pelo ensortijado que le cae sobre la cintura. ¡No me canso de verla! Las manos me sudan cuando está cerca y el pulso se acelera. Creo que nadie lo ha notado, a pesar de que mi torpeza se incrementa cuando está, las palabras vuelan de mi cabeza y no puedo coordinar más de dos ideas racionales. Es difícil hablarle en público sin quedarme en blanco o romper todo lo que toco; sin embargo, el resto no se ha dado cuenta de nada, ni de cómo le hablo, ni del brillo en mis ojos, ni de cómo me afecta su presencia…
Para dormir usa un camisón negro de un tejido transparente, tiene la piel muy suave y con los tonos de la lámpara adquieren una textura deliciosa que invita a acariciarla. Los senos se ven a través de la ropa y sus pezones negros y grandes, me hacen perder el control.
Acerco mi mano y la acaricio por detrás, me quedo muy cerca y puedo sentir el olor de su cuello y su pelo rozándome la mejilla. ¡No me puedo alejar!!No sé qué hacer!
Estás bien, pregunta tonta y a la vez dulce. Le respondo con la mirada; te quiero; te deseo; te necesito. Me gusta estar contigo, contesta con palabras, me entiendo mejor contigo que con mi hijo, y me destroza cuando le menciona, no quiero que me recuerde que existe. Pierdo las fuerzas y me dejo llevar por este fuego que ha consumido mi paz y la sigo acariciando, las manos, el rostro, los labios. Le quito el camisón y pierdo la respiración ¡Aquí está el territorio anhelado! Beso sus esquinas suaves, bebo sus sudor, su esencia. Lo devoro todo.
Una voz conocida me arranca su cuerpo. Vamos a dormir, Lucía, que mamá vendrá muy tarde esta noche.




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S/T de Juan Ignacio Borderas. ARGENTINA

Me quedé mirando el plato vacío, mirando mi reflejo engrasado por los restos del almuerzo. Había comido solamente por ansiedad porque esperaba su llegada. Recibí su carta dos semanas atrás, diciéndome que el buque llegaría por la mañana. Leí la carta quince veces no sólo para confirmar la hora, sino para que se me impregnara en los sueños el olor a almizcle de la tinta azul.
Mientras seguía perdido en los fulgores de la platería, en la luz que caía desde la cúpula de vidrio, la sirvienta anunció su llegada. Abandoné la mesita blanca de hierro, en el patio ajedrezado, tapizado de orquídeas que se derrumbaban desde lo alto como el resplandor de la cúpula.
Me esperaba en la sala. No lo saludé, en realidad no dijimos una palabra porque ya las habíamos agotado en las cartas. Sus ojos eran del color del cobre luminoso. Estaba vestido de blanco y llevaba un canotier y una leontina plateada en el saco. Estaba sonriente. Yo cerré la puerta y las ventanas de la sala. Le tomé la mano y nos sentamos en el diván. Absolutamente mudo se sacó el sombrero y la corbata. Nos fuimos desvistiendo con las manos trémulas. Él se puso encima de mí mientras se quitaba los calzoncillos, un poco húmedos por el calor de diciembre. Me di cuenta que el olor a almizcle no era de la tinta, sino de su aliento. Estiré la mano hacia el fonógrafo, el aria “Mon coeur s'ouvre a ta voix” saturó el aire de las orquídeas. Su cuerpo olía a cedro como un altar. Tomó sus pantalones y sacó el cinturón, Apretó mis muñecas y las ató a mi espalda. Entonces, cuando me redujo a esa mansedumbre de mártir, sentí los embates de su vientre contra el mío. Su respiración se agitó tanto y se hizo tan profunda que, cuando su exudación espesa de derramó dentro mío, el perfume del almizcle era tan denso que todo parecía velado por un humo anaranjado. Nos quedamos desnudos y abrazados en el diván. Me dijo que iba a morir, por eso quería estar conmigo. Le pregunté si estaba enfermo. Lo negó, dijo que vio a la muerte en el espejo detrás de él mientras se peinaba. No dijo más nada y el almizcle de la respiración se mezcló con un llanto mordido. Partió al día siguiente, después de almorzar conmigo en el patio de las orquídeas.
Murió en un naufragio, como yo lo soñé la noche que estuvimos juntos. Fui hasta la playa y encontré su cabeza fragante con la boca llena de perlas y carcomida por unos cangrejos albinos tornasolados.



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"ABC" de Jose Luis Zárate Herrera. MÉXICO
Índice. Nuestra pasión pasó de la ahhh a la zzzzzz.

Acrotomofilia. Con qué delicadeza acarician tus manos fantasmas mi cuerpo.
Barosmia. Tu figura ausente en las sabanas arrugadas, la silueta de tu olor en mi deseo.
Criptoscopofilia. Ve a los otros y Santa Claus se dice que hace todo esto por los juguetes.
Dorafilia. En la piel curtida el tigre aún, fuerza, deseo. Dejo que me devore un fantasma.
Ecdiosis. Me excita si ve alguien que ignore todo de mí. El tipo del espejo, por ejemplo.
Frotismo. Fue inolvidable. La multitud me apretó contra tu cuerpo, tus pechos, tu navaja.
Ginoticolobomasofilia. Mi deseo quedó atrapado en el laberinto que portas en tu oreja.
Hipoxifilia. Bajo las aguas un trío magnifico: tú, yo, la muerte que se derrama en burbujas.
Ipsofilia. Narciso se sumerge en las mil manos de su amor, lengua líquida infinita.
Jactitafilia. Escribe sus memorias, excitado. Se derrama una y otra vez su pluma fuente.
Knissofilia. El tacto del incienso en cierta desnudez: sacerdotes, monjas, uno que otro Dios.
Logizomecanofilia. Amaba tocar los cuadriformes pezones erectos del teclado.
Microfilia. Extraña Liliput. Las caricias simultaneas de sus 475 amantes.
Necrofilia. El zombie fue el único que la amó por su cerebro.
Omolagnia. Sin Adán y Eva ahí, los ángeles no pudieron encender sus espadas flamígeras.
Pigmalionismo. Con un gesto decidido, la estatua tardó 238 días en rechazarme.
Quickie. Cibersexo en twitter.
Robotfilia. Me era infiel via bluetooh.
Sitofilia. Papá plantó una semillita en mamá. Ahora, juegan en la enredadera de su sexo.
Triolismo. Amaba los tríos. Qué ventaja tener eso de las personalidades múltiples.
Urticarismo. Leve caricia con ortigas. Cuántas sutiles, deliciosos dientes tiene el veneno.
Voyeurismo. Fugaces, furtivos. Explicar porqué los OVNIS se comportan así es sencillo.
Wattfilia. Lloró al oír el indulto. Con qué tristeza le dijo adiós a la silla eléctrica.
Xenofilia. Tentáculos con una pupila al final. Le sonrió al bebé. Tenía los ojos de su padre.
Yemafilia. El brote vegetal dentro de uno. Paciencia infinita pero que placer cuando florece.
Zoofilia.Se frotan contra las instalaciones y jaulas, acarician al edificio. Malditos zoofilicos.



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"Arte ciego" de Luis Alberto Chávez Fócil. MÉXICO


Procure, ciego de usted bajo las sábanas (en la más completa oscuridad) morder el talón de ella lentamente; que en cada centímetro cuadrado de su piel estalle la divinidad de su saliva, untada ésta con definitiva maestría. Dígale su nombre -siempre bajo la penumbra- como si ella no supiera cómo fue bautizada ya que, ahora, el fuego que se le da es el bautista del cielo. Entre los dedos de sus pies señale con la lengua una estación de alivio, elévela poco a poco; ahora continúe subiendo y, en las corvas en apariencia a oscuras, ilumine su propósito: entréguele en ese sitio justo la punta de su estrella, que sienta la mujer a qué vino a este planeta. El arte de morder su espalda no se describe en ninguna enciclopedia ya que en el mundo el hombre escribe con aciertos sus deberes, nos llegan las generaciones, los espíritus (abuelos, padres, amigos) para decirnos en la cama cómo fabricar la tinta aérea, cómo narrar, analfabetas, al momento de graduarnos en la carne. Continúe, no se detenga, cante a señales, humedézcala, agótela al borde de la muerte; su lugar en este instante llega al cuello (abandonó su vientre bajo y el abismo hace un minuto y dos besos) cuello que se abre a la piedad de la continua entrega, lo dócil de la agonía estelar bajo dominio. Aquí, pronuncie a gotas cómo se llama usted, repítale despacio el nombre del maestro, que sepa la mujer a qué obedece, cuál es su causa, su martirio, por qué de tanta gloria. Haga un pequeño tatuaje, siempre a dientes, a mordidas tenues, de fuego sobre su cabeza, déjele inscrito un signo memorable en los cabellos y sitúe atrás de sus orejas una semilla grande que con seguridad, ella después, rodeada de amistades o hijos, se tocará de vez en vez sin que ninguno sepa.
Todo esto se ha hecho a oscuras o, como ella mande. Luego vendrá la luz porque la timidez suprime a duras penas la médula del gozo. Si vuelve a recorrer su cuerpo, no deje codos ni brazos, ninguna planta de sus manos o pies sin revisar.
En el segundo recorrido quizá se queme usted la lengua, pero no tanto, cuando despacio, ordene a la mujer que se voltee.

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"Desayuno con amantes" de Esther Martín Alemán. ESPAÑA
“Pues para no saber cocinar, esta lasaña te ha salido de maravilla. ¿Qué carne lleva?”
A su pregunta, una mueca me cruzó el rostro y una leve sombra de arrepentimiento la mente. Nos sentamos en el sofá y fumamos hachís mientras Wayne Shorter llenaba la habitación con su ‘Manzana de Adán’. La inhibición fue evaporándose. Tumbados en el sofá, con mi espalda en su pecho, comenzó a rozarme levemente la cintura, el brazo. Yo permanecí estática, esperando. Cuando empezó a pasar suavemente su mano por mi brazo, correspondí rozándole con los dedos. Muy despacio… De pronto noté un tímido beso en el hombro. Me puse nerviosa y me incorporé. “Otra vez no”, pensé, “otro en mis manos no”. Pero ya no había marcha atrás. Ya había empezado. Guiado por mí, se levantó dócilmente y sin una palabra llegamos a la habitación. Allí, con las luces apagadas, a contraluz y de espaldas a él me quité la ropa y me tumbé en la cama. Segundos de pausa. Su última oportunidad. Su cálido aliento en la nuca. Su fin.
Apartó mi pelo con su cara y comenzó a lamerme el cuello y a besarlo dulcemente. No pude evitar proferir leves gemidos que lo impelían a continuar. Giré la cara y nuestros labios se encontraron por primera vez en la noche. Nos acariciamos, el ritmo creció, seguí el curso de su brazo con los dedos y desemboqué en el interior de sus calzoncillos. Con mi mano sobre la suya, comencé a acariciarle los dedos suavemente. Debajo, su miembro se erguía potente. Lo rocé por fin, él apartó la mano y yo continué acariciando poco a poco, como si tocase un objeto de un valor incalculable. Él correspondió llevando su mano a mi entrepierna. Acarició, buscó, tanteó… Cuando introdujo su dedo en mi interior casi estallo de placer. Gemí sin poder contenerme. Entonces, en un gesto rápido, me penetró. Subí a horcajadas encima de él y mi boca estaba casi tan mojada como mi sexo. Comenzamos a movernos. Lo notaba muy dentro, podía sentir cada centímetro de su falo adentrándose hasta mis entrañas. Cada vez más erecto, cada vez más excitado. Tocaba con maestría, me abandoné. Pensé en nada durante el resto del tiempo. Fue como si un rayo me atravesase desde el bajo vientre paralizando mis pensamientos. Él comenzó a gemir con intensidad. Yo me excité aún más. Me pidió que parase porque no podía evitar derramarse. No aguantaba tanto placer. Pero yo no pude parar, también estaba a punto de alcanzar el clímax. Y lo alcancé al tiempo que él eyaculaba con delectación. Círculo cerrado.
Después de recuperar el aliento, abrí los ojos y supe que éste tampoco eras tú. Como siempre, una bola de ira fue subiéndome a través de las entrañas y cuándo alcanzó mi garganta me oí decir: “Lo siento, pero sólo serás mi próxima cena romántica”.





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"Posibilidades de la piel" de Julio César Pérez Méndez. COLOMBIA

-- -Regular. Continúa ---dijo ella con voz de bruma. Yo seguí adelante…
--- Nada. Todo nombre propio comienza con mayúscula –Respondió, y siguió con los ojos cerrados.


AZUCAR
--- Mmm…Faltó la tilde en la U! Sigue –dijo. Y yo escribí…


MIEL
Esta vez vi su sonrisa a través del manantial de sus cabellos.

--- Prefiero piel. Es más apropiado para el momento.
--- Cae con tu nombre --susurré en su cuello.
--- Ambos riman con mi nombre --replicó--. Pero nada, te ganaste una carita feliz: cero horrores ortográficos. ¡Por fin!

Entonces emergió de la almohada, se volvió, tomó el dedo con el que yo describía las letras sobre su espalda, lo humedeció en su boca, recorrió el perímetro de sus areolas, y trazó una sonrisa debajo de su ombligo.




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"La Alquimista" de Santiago Raúl Repetto. ARGENTINA

(El agua al condensarse forma la tierra)

En las vacaciones del verano pasado, Gisela había aprendido a “tocarse ahí”.Un dulce beso, que dejó en los labios de su prima Nadia la rendición de los últimos bastiones de inocencia, fue el pago por prodigarle su primer placer.
Ahora, cuando volviera a verla, podría decirle que lo que habían hecho realmente sólo había sido tomar un atajo al goce, dejando olvidadas en el camino a zonas. Zonas que ahora Anahí recorría con manos sabias... y extrañas.
(La tierra al dividirse forma el aire)
Si Gisela hubiera podido vencer por un instante el éxtasis que le prodigaba Anahí, habría visto como una arena multicolor se desprendía de esas manos, y como, en la oscuridad de la iglesia, los círculos consagrados que dibujaba la arena sobre la piel y su brillo profano, trazaban elipsis de colores en las figuras de decenas de santos, revelando en algunos sus verdaderas y demoníacas identidades.
(El aire al inflamarse se transforma en fuego)
El tacto de Anahí, experto en encontrar la temperatura justa para todos sus preparados, notó como el vientre de Gisela anunciaba que el momento estaba llegando. Las caricias empezaron a descender lenta e insoportablemente.
La arena se transformaba en cientos de texturas familiares que estimulaban, a veces devolviendo reminiscencias, a veces trayendo extrañas y sádicas formas de nostalgia del futuro.
Gisela se arqueó hacia atrás y cayó arrodillada, siempre acompañada por la alquimista. (El último fuego que se extingue en el cuerpo es Flogisto)
De la cascada que salía de las manos de Anahí emergió una piedra blanca, sin brillo. Las caderas de Gisela estaban apoyadas en sus talones, trazando con su cuerpo un arco imposible al que Anahí se encargaba de retorcer cada vez más. Las palabras que esta le susurraba mientras lo hacía empezaban a cobrar sentido para Gisela; pero cuando la piedra opaca llegó a su destino, el clímax apagó las últimas (El que logre encerrar a Flogisto...) y todo posible significado se perdió entre los gemidos. El paroxismo de la sinestesia se apoderó por completo de Gisela y en el último resto de lucidez, la conciencia se hizo cargo de la confusión y se apartó misericordiosamente de su cuerpo.
Anahí se incorporó. Por un largo rato se quedó observándola yacer completamente vencida. Divertida, pensó: La ciencia de la letra M al servicio del punto G, tras lo cual se inclinó y besó la boca aún temblorosa de su nueva amante (de su nuevo atanor).
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"Reina" de Cristina Barrios Valdivia. ESPAÑA

La llamó Reina y ni un solo momento dejó de reinar en el hueco de nuestra cama.
Reina llegó cuando todavía no era más que una pequeña bola de pelo pidiendo atención a todas horas.
Los paseos de Reina, la comida de Reina, los juguetes de Reina, sus aposentos, su cepillo… Todo debía estar dispuesto para su majestad. No tardé en darme cuenta de que mi mujer pasaba más tiempo con el cachorro que le había regalado por su cumpleaños que conmigo.
Esa tarde no pude hacer planes. Tenía demasiadas cosas que organizar para la cena para tres, con la que pretendía sorprender a mi mujer en su cumpleaños.
Flores, velas, champán… no podía olvidar nada. Ni siquiera a Reina a la que debía llevar conmigo para que no se quedara sola en casa mientras Lucía tenía su sesión de peluquería.
Fue en el aparcamiento del supermercado. Al abrir el maletero para guardar las bolsas, la impaciencia de Reina al sentirse sola la hizo saltar fuera e imponer su autoridad. Mi orden para que parara no surtió efecto, nunca había tolerado las órdenes que vinieran de mí.
Lo siguiente que recuerdo es el aullido, un aullido de dolor que detuvo al conductor que maniobraba marcha atrás. No fue necesario ir al veterinario.
Cuando llegué a casa, después de meditar cómo decirle a Lucía que un descuido había matado a Reina, la encontré con cara de pocos amigos y al mismo tiempo, preocupada.
Todos los argumentos me parecieron insuficientes al tenerla frente a mí. No tuve el valor de decirle la verdad. Preferí acercarme a ella dando como única respuesta mis ladridos improvisados. Mi lengua comenzó a lamer sus pies con delicada abnegación. Subí por sus piernas mientras la acorralaba contra la pared entre aullidos y mordiscos. Lucía inmóvil no opuso resistencia y yo seguí siendo el perro fiel que ella deseaba. Como un perro en celo la puse a cuatro patas sin dejarla respirar.
Me fui sin decir nada, sabía que no me podría perdonar nunca.


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POESÍA


GANADOR

“Ludio De Orgásmico Amor” de Carmen Rocío Giménez. ARGENTINA

Exprimiendo sexopatías entre impúdicas frazadas
en obnubiladas horas de la noche,
en titilantes madrugadas
e ingráviles albas.
Entre incongruentes emanaciones producidas por tu lengua
sumergida en las vastas áreas de mi locura.
Entre la coma de tus cifras, entre todos y cada uno de tus pliegues.
En tu tocar tocando de ambos senos míos,
en el levitar del diletante, latente, demorado encuentro
de mis apetentes dedos con tu sexo.
En la profundidad de tu entrepierna difusa
y en cada parte erecta que alimenta los acordes de un gemido ahogado
que me merma.
En el éxtasis milimétrico de cada célula excitada
de cada núcleo contraído
por la eroticidad de una caricia tuya.
Desde mis márgenes de ninfómana prostituida
y desde el centro de mi cóncava desnudez,
en una fuga exangüe de viscosos movimientos que se conducen,
se intoxican y rehúyen en un ebrio vaivén,
te grito por esta noche y las que vendrán,
por este febril sudor de carnes en vela;
TE AMO, desde el orgasmo más eterno,
hasta el desgarre más sideral.




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FINALISTAS POESÍA

“Bella” de Ing. Carlos Alberto Pérez Rodríguez. VENEZUELA

No tienes otra definición
Blanca nata sobre la calma leche
Marfil al definir tu color
De tu olor yerbabuena
Vulva color cayena
Ello así tu textura
Sutil piel de rosa
Que quisiera corromper
Tomar de tu panal la miel
Llenar con ella mi boca
Y embriagarme locamente
Tenerte ensalivada desnuda
Y mancillar tu ser.
Ante mi insistencia
Lograr poses menudos
Tus gráciles pies
Desnudos me arropen
Acaricien cual manos
De adorada amante
Gráciles tiernos
Gustosos deseados
Extensiones de tu alma
Aunque de ti lo niegue
La sutileza y el candor
La plasmada belleza
Iracunda sin motivo
Ni parangón
Simple comparación
Con tu belleza
Extensiones de tu cuerpo
Tus bellas manos
Y las plantas de tus pies.



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“Palabra líquita” de Jesús Moracho Sánchez. ESPAÑA
Creces valía contigo,
miedo rendido en tu tez.
Bajo el velo caído despiertas,
ser valeroso e impulsivo,
celo estos sueños prohibidos
en que te dejas ver,
perfecta a la desnudez de labios.
Entre un alma confusa
y un roce discernido de tu piel,
de aciertos se licua
la estrechez de los vahos.
Germina laxa la noche como súbdita.
Tu orden, levantada,
sin laxitud de furia,
sublima ecosistemas de penumbra,
rompen cataratas los espacios. +++++++++++++++++++++

“Los cuerpos hambrientos” de Yamara Justiniano Zayas. E.E.U.U.

Los cuerpos galopantes,
Se devoran bien hambrientos,
Las gotas de sudor se yerguen,
Y se mezclan en silencio.
Se deslizan por el rostro,
Mientras el estómago gime aclamando su sustento,
Que la vida es puro gozo,
Que dejarlo para luego no es acierto.
Galopan,
Galopan,
Ansiosos los cuerpos,
Las vidas junto a los pensamientos.
Las palabras se deshacen,
Todo se evade,
Se mezclan ya los cuerpos,
Desaparecen las fronteras,
Se espeluzan los cabellos,
Se besan los amantes,
Se despiden hasta luego,
Pero si la atracción es muy fuerte,
Se devuelven sobre el fuego.
Es interminable cuando la llama comienza,
Porque los cuerpos se encuentran bien hambrientos,
No falta la energía,
Para desgastarla como joven con buen anzuelo,
Y galopan,
Galopan,
Hasta quedar sin oxigeno,
Sin premura,
Y con desconcierto.


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“Quimera De Suspiros” de Rafael Alexis Álvarez. PANAMA
Quimera de suspiros compartidos,
Unida a tus intensas contorsiones,
Esparces por mi boca libaciones
Marinadas con piel y con gemidos.
Apetitos que son correspondidos,
Nutren mi paladar con tus visiones,
Do manan mil herencias en fusiones
Orgánicas de genes y sentidos.
Mujer, tus labios mudos en torrentes
Inundan mi lactancia con ardientes
Burbujas de la miel que me estremece.
Olvido no tendrás, y me parece
Celestial tu sonrisa vertical.
Amor, he degustado tu panal.
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“Lo que yo quiero ” de Liliana Mabel Giannini. ARGENTINA


Baile seducción de mis manos
conquistan tu piel sin cadenas
Música de mi cuerpo
paraíso en los sentidos
soy destino de tus sueños
Fuego en movimiento
tu calma sobre mis besos
Déjame ser lo que yo quiero
sonido, nubes y sol
canto de aves y tu tierra
madera del hogar
Tu manantial de vida y tus caricias
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“Para no despertar” de Olga Alicia Defferrari. ARGENTINA
Fui sellando tus líneas sin pausa con mis labios,
partiendo de tus ojos del azul de la mar,
continué entre tu boca dejando mis anhelos
ahogarse en la tibieza sensual de tu humedad.
Esperé sin apremios al calor de tu pecho
que la pasión colmara tu alma y tu pudor,
de modo tal que el orbe de tu cuerpo y el mío
imperara sin culpas por sobre la razón.
La noche nuestra amiga, con sus sombras cerradas,
dejó a oscuras el cuarto, tus miedos y mi afán,
imponiendo a mis manos dormirse entre tus senos
y a tus besos furtivos hacerlas despertar.
Enlacé tu cintura dibujando en penumbras,
rozando mi convexo tu cóncavo esperar,
el encaje perfecto, la curva más sublime,
como preámbulos vivos del boceto final.
Y fuimos recorriendo en un ritmo insaciable
espacios de ambos mundos tratando de alcanzar
más allá lo imposible, lo eterno, lo prohibido
la Tierra Prometida y el último maná.
No me sacié y entonces el valle de tu vientre
inundó mis sentidos y nubló mi pensar
la vorágine ardiente que enmarcaron tus piernas
guiándome al candente interior de tu volcán.
En mi hombría lograron lo propio tus caricias
y los dos, simplemente, nos dejamos llevar.
Percibí en el abrazo tu gozo inagotable
y se vació mi vaso en la entrega total.
Como quien clama al cielo habiéndolo encontrado,
como aguardan las costas el avance del mar
buceamos hasta el fondo de la esencia y al cabo
nos fundimos por siempre para no despertar...



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“Dos mujeres entre los músculos de Eros” de Damián Facundo Bojorque. ARGENTINA
Una mujer de seda
y una mujer de terciopelo.
Un hombre de acero
y las telas que se aferran a la forma
y a los músculos de su cuerpo.
La producción enérgica y su transmisión
en un único momento.
Un íntimo placer
compartiéndose de a tres.
Vibraciones carnales.
Aceites y roces corporales.
Hechizo erótico
buscado en lo más profundo del ritual,
de las raíces,
de lo ancestral.
Y de nuestro perfil seductor:
un salto al vacío lleno de gozares
y una caída cómplice
sobre colchones de rosales.

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Nubes de los inmoral” de Richard Osés Ursúa. ESPAÑA


Desnudo tu mirada si descubres la mía,desabrocho tu piel empapada y fría.Mi mente ralentiza tus gestos más obscenos,destapo el mantel de tus sucios deseos. Mi instinto animal se siente anegado,deja su huella impresa el sudor ya pasado,nuestro vicio invade el aire suspendido,ya sólo nos separan cien metros de vacío. Lamo suave tu oreja, dulce sabor canela,y cuando me encuentro en el séptimo cielo,angelical se torna tu cara más ramera. El cuerpo no se duerme con el paso del tiempo.Yerma llanura virgen te imagino en mi mente.Quema el calor caliente, redescubro tu cuerpo. En cada bocanada absorbo nuestro ardor,como el calor fraguado por mutua transmisión.¡Desvaneceos ya, nubes de lo inmoral!,que sea otro el abstemio de tu olor corporal. Duerme entre tus piernas la boca vertical,una cueva viscosa con lava de volcán.Derrites mis sentidos, calientas mis dos egos,si tu paras mis rayos, yo rasco en tus cielos. Tu cuerpo es mi guitarra en la noche sultana.Adentro, dentro, entro. Desapego, apego, ego.Eros reza plegarias por que vuelvas mañana. El vaho del cristal absorbe el calor,mis ojos te preguntan, absortos de pasión:¿Cerramos las ventanas y hacemos ya el amor?

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