viernes, 18 de noviembre de 2011

Secretos inútiles, de Mirko Lauer.


Secretos Inútiles
Mirko Lauer
Editorial Periférica
139 pag.

Comentario de Luis Rodríguez 

   He leído “Secretos inútiles” en dos días. Al final de ayer, superada la mitad del libro, permanecí un buen rato observando la portada, ¿qué diablos  tenía que ver aquella foto con el relato? Me acordé de mi amigo el pintor. Él, cuando contempla una obra de arte, tiene la virtud, desde luego nada española, de suponerle al autor, por lo menos, su misma inteligencia; por eso busca una intención en todo lo que mira. Yo soy más de aquí; ayudó poco, además, el error cometido en la contraportada. Parece mentira, pensé, que una editorial como esta, excelente, pueda referirse a los protagonistas diciendo que son primos, cuando realmente Miranda Archimbaud es tía de Clayton Archimbaud, y se menciona varias veces.
   Pero un día pasa en un día, no es mucho, y sí, es verdad que la tía continuaba sin ser tía, pero la calidad y condición de lo leído convirtió el detalle en una nimiedad que, de no ser yo como soy, no debería comentar.
   Mirko Lauer publicó “Secretos inútiles” en 1991; es la primera de una trilogía denominada “Ciclo de Cerro Azul” que continuó 14 años después con “Orbitas.Tertulias”, y en el 2009 con “Tapen la tumba”, obras estas que publicará próximamente en Periférica.
   El narrador es un periodista peruano llamado como el autor, Mirko Lauer, dispuesto a escribir sobre la vida de la escritora Miranda Archimbaud, que se entrevista en San Francisco con su anciano y rico sobrino Clayton.  La acción transcurre en una noche. El paso de las horas y el alcohol consumido mueven la foto, nada parece lo mismo: el magnate no rememora la vida de Miranda en el Perú de los años veinte, sino la suya propia; nos parecía que contemplábamos aquel país a vista de un extranjero privilegiado, ahora tenemos dudas; incluso hay un momento, quizá lo más logrado de la novela, en que no tenemos claro quién interroga a quién. Avanza la noche y parece que la figura de Clayton anula la de su tía, pero tampoco, porque aquí nadie permanece inmóvil, ni siquiera yo, que recomiendo ahora a quien se disponga a leer “Secretos inútiles” que se detenga unos minutos, sin prisa, y observe la portada del libro, su atmósfera, para entregarse después a una experiencia literaria de primera categoría.
   No he dejado de pensar, mientras leía, lo fructífera que sería una comparación entre “El último encuentro” de Sandor Márai y esta, como una confrontación entre el realismo y la abstracción; hablar de la utillería literaria, el relato preciso que dibuja con verdadera pericia la invocación de un pasado extendido por encima del propio presente, con Márai; o Lauer, trabajando sobre una imprimación de tiempo, el transcurrido entre el presente y el pasado que relata, y distancia, benéfica, para entregarnos con brochazos gruesos a sus protagonistas, que, borrosos, vemos abrumadoramente nítidos. Es apasionante cómo un mismo latido mantiene vivas dos obras tan distintas, tan sugestivas, tan buenas.

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