miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo.


Ventajas de viajar en tren
Antonio Orejudo
Tusquets Editores
152 pag.

Comentario de Luís Rodríguez:

          No sé explicar por qué leo a Antonio Orejudo. Leí “Reconstrucción” (2005), y hace pocos meses “Un momento de descanso” (2011). Las críticas me parecieron exageradas, sí, sin embargo me puse a buscar “Ventajas de viajar en tren”, ganadora del premio Andalucía de Novela y publicada en el 2000 por Alfaguara. No hubo suerte hasta el mes pasado, que la reeditó Tusquets. La he leído; lo dicho, no sé explicarlo, pero leeré lo próximo que publique.
          “Ventajas de viajar en tren” es un homenaje a Cervantes que a mí me recuerda un poco el Pynchon de “La subasta del lote 49”. No es ni uno ni otro, claro, tampoco es necesario para tener en nuestras manos un esfuerzo interesante, por momentos brillante.
          La obra surge del encuentro en un tren de una mujer, Helga Pato, que acaba de dejar a su marido ingresado en un hospital psiquiátrico, con un psiquiatra, Angel Sanagustín, que trabaja en la misma clínica.
          Imaginemos, comienza el libro, a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. De eso se trata, de imaginar, de escuchar atentamente historias hilvanadas de paranoia, de esquizofrenia, de doble vida.
          Antonio Orejudo pone en boca de Helga la literatura que no le gusta, la de esos melancólicos bodegones sobre la guerra civil, la preguerra civil o la posguerra civil, que los nacidos en los años cuarenta o cincuenta se empeñaban en recrear una y otra vez en narraciones que confundían la seriedad con el tedio, la ñoñería con la sensibilidad; tampoco las novelas tiovivo, esas páginas reflexivas, falsamente reflexivas, que no llegaban a ninguna parte, que daban vueltas y vueltas para deleite del lector a una anécdota más o menos trivial, más o menos original, hasta que se paraban en el mismo punto del que habían partido. “Ventajas de viajar en tren” no es, claro, una novela de esas. El autor dijo en una entrevista que en esta obra el lector puede elegir entre leer una novela o una colección de cuentos. Eso no es del todo cierto, y ahí, a mi entender, se encuentra la falla del texto. El altísimo nivel e interés de las primeras sesenta páginas pierde altura con las historias sucesivas. Es verdad que era muy difícil, y verdad también que se continua leyendo y disfrutando, pero al lector le sobrevuela la sospecha de un engarce forzado.
          El libro tiene otra virtud que debo mencionar, la calidad del propio libro, la portada, el papel, la edición, qué maravilla.

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