lunes, 16 de abril de 2018

Leer exige un esfuerzo: Hablo de Una pizca de maldad, de Ah Yi. Adriana Hidalgo.




Las páginas de los periódicos no están llenas de críticas reflexivas, sosegadas o apasionadas que describan la necesidad de leer éste o aquel libro. Los medios se ocupan de llenar de imágenes impactantes y titulares sensacionalistas las secciones dedicadas a cultura, pero hablan poco de libros. Son en su gran mayoría exaltaciones de series en streaming, cine, conciertos…, las menos nos hablan de qué dijo aquel escritor, o una simple publicidad con su frase gancho mil veces repetida. No hablemos ya de Radio o Televisión.

Nos quedamos sin lectores.

La lectura siempre ha estado en crisis. Los lectores, siempre hemos sido los rara avis en un mundo lleno de inmediatez, (síntoma de la proximidad del fin de una época), pero gracias a editores infatigables, críticos motivados, escritores patológicos y las redes (cada día menos sociales), los lectores encontramos nuestra vacuna contra la vorágine que significa vivir.

Recibir un libro por parte de un editor

Habitualmente los departamentos de promoción editorial envían ejemplares a críticos de medios provinciales o nacionales, pero César Solís, director comercial de la editorial Adriana Hidalgo, en el pasado ENDEI,(del cual hablaré otro día pero es un evento maravilloso), me obsequió un ejemplar de una novela singular, según dijo él. No la leí. Otra más —pensé. Ayer empecé a leerla y me costó adaptarme a la traducción Argentina del Chino. Me exigió un esfuerzo entender el mundo desde el prisma asiático. Me exigió un esfuerzo comprender la forma de pensar del protagonista. Me exigió un esfuerzo dejarla de lado y me exigió un esfuerzo dormir tras leerla.

Me ha exigido un esfuerzo no recomendar esta novela de la que no debo decir más que lo que se anuncia de oficio: Una novela policial existencialista donde se planifica con detallismo ceremonial la ejecución de un crimen horrible y gratuito, y una fuga vertiginosa a través de distintas ciudades y pueblos de China.

El narrador y protagonista de Una pizca de maldad es un adolescente desencantado y cínico; mientras dice estar estudiando para los exámenes de ingreso a la universidad, en realidad mata el tiempo durmiendo y masticando su resentimiento. Para llenar el vacío de su vida, decide llevar a cabo un asesinato. La víctima elegida es una compañera del colegio, una muchacha bella e inocente: la única persona que realmente se compadece y preocupa por él.

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