jueves, 11 de febrero de 2010

Todo sobre los Bosques de Upsala, de Álvaro Colomer, Alfaguara.

Presentación de
Los bosques de Upsala
de ÁLVARO COLOMER
216 Páginas-18 Euros

Sábado 13 de febrero, a las 12:00 h. en la librería Argot
(C/San Vicente, 16. Castellón)
El autor conversará con el escritor y periodista Robert Juan-Cantavella

La obra

Cuando las ganas de morir de una persona superan cualquier otra voluntad, cuando saltar por el balcón parece su único destino posible, cuando la vida deja de tener sentido, sabemos que dicha persona está en aprietos. Pero ¿qué ocurre cuando, sin embargo, no podemos vivir sin ella?

“Un texto soberbio, de una intensidad inusual que no decae nunca”.
Fernando Aramburu

Los bosques de Upsala trata sobre la muerte, sobre el suicidio, sobre el abandono. Pero también, y más que nada, sobre la vida y sobre lo que nos aferra a ella, sobre la impredecible naturaleza humana y, en última instancia, sobre los amores por los que entregarías todo lo que tienes.
El día de su quinto aniversario de bodas, Julio llega a su apartamento y no encuentra a su esposa por ninguna parte. Para buscarla más allá del balcón tendrá que reunir todas sus fuerzas. Su esposa siente la necesidad de morir y él no concibe la vida sin ella.
El suicidio como epidemia, como imperativo, como incógnita. Pero también un apartamento en forma de cruz, un hombre buscando las razones que le anclan a este mundo, el recuerdo de las experiencias que le marcaron durante la infancia... Estos son los temas con que Álvaro Colomer construye esta despiadada, turbadora y emocionante novela.

«Pienso que los locos de nuestro siglo parecen cuerdos y que cada mañana, cuando salgo de casa para dirigirme al trabajo, camino junto a un montón de tarados que, aun cuando al presente se muestren serenos, podrían cambiar de actitud en cualquier momento», nos cuenta el narrador, el introvertido y reflexivo entomólogo Julio Garrido, un hombre que debe cargar con el hecho de haber presenciado el suicidio de su vecina cuando él era niño y que, años más tarde, intentará comprender por qué la mujer a quien ama tiene el mismo deseo: arrojarse por el balcón.

Los bosques de Upsala es la tercera novela que Álvaro Colomer escribe en torno al tema de la muerte en las grandes ciudades. En esta ocasión lo hace a través de Julio Garrido, un entomólogo tímido e introvertido que, el día de su quinto aniversario de bodas, llega a su apartamento y no encuentra a su mujer Elena. Enseguida recuerda que hace un año diagnosticaron a su esposa una severa depresión que la lleva a padecer las consecuencias de sus tendencias autolesivas.
Con esta escena arranca la historia que nos irá contando el propio Julio: una infancia marcada por el suicidio de su vecina, una adolescencia que le llevó a distanciarse primero de sus padres y después de casi todo el mundo, el día en que conoció a esa Elena que habría de convertirse en su único anclaje a la realidad… Pero también la reaparición del despiadado, repentino instinto autodestructivo en su vida adulta.
A Julio le toca rescatar a su mujer del suicidio, lidiar con la entrometida anciana que vive en el apartamento de enfrente, ser el custodio y carcelero de Elena para evitar que cumpla su fantasía macabra y, paralelo a todo esto, capturar al esquivo mosquito tigre, una especie invasora que amenaza con transformarse en plaga, y alcanzar así el reconocimiento laboral que tanto anhela. Sin embargo, lo que caracteriza a Julio Garrido es el constante recuerdo de aquellos episodios de la infancia que tanto lo determinaron, su paseo por los laberintos de la memoria, su exploración de los propios traumas para comprender los de su amada Elena y, finalmente, su cuestionamiento sobre la sombría pero irresistible tentación de acompañarla, en un desesperado y último acto de amor.
La hipnótica prosa de Álvaro Colomer nos sumergirá en los imparables pensamientos de Julio Garrido -que pueden ser los de cualquiera de nosotros- en una novela cautivante y macabra a la vez, que va creciendo y envolviendo al lector a la misma velocidad y con la misma contundencia que una bola de nieve descendiendo cerro abajo. Una historia vista con microscopio, donde Colomer nos presenta su particular, terrible y chejoviano mapa de las sombras que nos habitan, del amor como tabla de salvación y de la mente como laberinto donde cualquiera de nosotros podría quedar atrapado.

El autor
Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), escritor y periodista. Ha publicado las novelas La calle de los suicidios (2000) y Mimodrama de una ciudad muerta (2004). Con la publicación de su tercera novela, Los bosques de Upsala (Alfaguara, 2009), el autor concluye la 'Trilogía de la muerte urbana' que inició hace nueve años. Como periodista es autor del libro de relatos basados en hechos reales Se alquila una mujer. Historias de putas (2002). Recientemente publicó el libro de reportajes Guardianes de la memoria. Recorriendo las cicatrices de la Vieja Europa (2008), donde recorre los escenarios de los grandes acontecimientos de la historia reciente europea (Auschwitz, Chernóbil, Gernika, Transilvania y Lourdes). El capítulo donde se recogen las consecuencias presentes de la catástrofe de Chernóbil mereció el International Award for Excellence in Journalism 2007, concedido por el International Institute of Journalism and Communication.

Álvaro Colomer también ha participado en numerosas antologías de cuentos, siendo especialmente reseñables Que la vida iba en serio (2004) y Tierra de nadie (2006). Además, es colaborador habitual de medios como 'La Vanguardia', 'El Mundo', 'Qué Leer', 'Yo Dona' y otras publicaciones del mismo carácter. Su página web es www.alvarocolomer.com
PERSONAJES

Julio Garrido: protagonista y voz de la novela. Entomólogo en busca del mosquito tigre. Casado con Elena.

Elena: esposa de Julio, víctima de una severa depresión y de incontrolables impulsos suicidas.

Vecina: viuda entrometida que vive, junto a su gato, en frente del apartamento de Julio y Elena.

Manolo: viudo de la mujer que durante la infancia de Julio se arrojó por el balcón, justo después de dedicarle una última mirada al desconcertado niño que asistía a tal escena.

Nuria: ayudante de Julio en el laboratorio donde investigan al mosquito tigre.

Juan: hermano de Elena, quien, al igual que su hermana, tiene tendencias suicidas.

La crítica HA DICHO...

-Sobre ‘mimodrama de una ciudad muerta’:

“Hacer reír con lo que menos gracia nos hace, que es morirnos, es lo que más juego literario le da a Álvaro Colomer.”
El Mundo

“La disección que lleva a cabo Álvaro Colomer sobre el mundo de los muertos es integral y conjuga intrigas escabrosas con brochazos satíricos (…) Una prosa ágil, por momentos solemne, y por un buen trabajo de investigación, que confirman a Colomer como un sólido referente narrativo al que seguir la pista.”
Julio Párbole

“Una indagación sobre los tabúes que todavía existen acerca de la muerte”.

Isabel Obiols, El País

“El trabajado lenguaje de Colomer, así como las anécdotas, convierte el ‘Mimodrama’ en una clara candidata a renovar las simpatías por los cementerios”.

Xavi Ayén, La Vanguardia

“La obra de Colomer emana sensibilidad y sarcasmo a partes iguales”.

Manu González, Qué Leer

-Sobre ‘Guardianes de la Memoria’:

“Mediante entrevistas, anécdotas y viejas historias, el escritor nos atrapa en una realidad histórica y nos descubre pasajes que muchos desconocíamos. Pero la forma de presentar este apasionante viaje es tremendamente sencilla y espontánea.”

Jessica López Bugeiro, Crítica de Xéneros

“He aquí un libro que nos recuerda lo que, en otro tiempo, se llamaba oficio de periodista”.

Marc Soler, La Vanguardia

“Es un libro para hacernos más fuertes, sorprendentemente optimista, que deja un poso de admiración por el ser humano”.

Gabi Martínez, Yo Dona

“Este libro es el primero que leo de Álvaro Colomer, pero seguro que no será el último, porque me ha parecido un libro excelente”.

Vicente Luis Mora

“Un apasionante viaje por las profundidades de la Vieja Europa”

Dosdoce revista cultural

“Excelente”

Francesc Miralles, Avui

- Esta entrevista puede ser reproducida total o parcialmente-

Entrevista a Álvaro Colomer: «El suicidio es la gran epidemia del siglo XXI »

1.- Esta es su tercera novela después de ‘La calle de los suicidios’ y ‘Mimodrama de una ciudad muerta’, y la tercera también donde aborda el tema de la muerte, en este caso desde la perspectiva del suicidio. ¿Siente que cierra una trilogía sobre este tema?

La creación de la ‘Trilogía de la muerte urbana’ es casual. Quiero decir que, cuando escribí la primera de las tres novelas, no era consciente de que estaba iniciando una trilogía. Sin embargo, cuando abordé el tema de la segunda novela, que giraba en torno a la vida en las interioridades de un tanatorio, me di cuenta de que casi ningún autor estaba hablando de un modo riguroso sobre la ocultación de la muerte que se lleva a cabo en las grandes ciudades. Y esa omisión me interesó mucho.

2.- ¿Qué aspectos son los que más le interesa explorar acerca del suicidio en Los bosques de Upsala?

Mi intención ha sido destacar un aspecto de nuestra sociedad que me parece desolador: el suicidio como muerte ignorada. Pese a ser la forma más desoladora de morir de cuantas existen, el ciudadano medio tiende a ignorar el suicidio. Es un tabú del que se prefiere no hablar. La actitud normal en un ser humano es negar la posibilidad del suicidio tanto de sí mismo como de los demás. Y eso hace que, cuando la gente se quita la vida, los de su alrededor tiendan a no hablar del modo en que esa su pariente, amigo o pareja murió.

3.- ¿Hasta qué punto considera que una historia tan sombría como ésta sea también una historia de amor, de amor propio y de pasión amorosa?

‘Los bosques de Upsala’ es, por encima de todo, una historia de amor. Una historia de amor extrema, radical, tenebrosa. Pero historia de amor a fin de cuentas. Porque muchos suicidas, aun cuando odien la vida, tienen una sensibilidad extraordinaria. A menudo dicha sensibilidad es la que les lleva al suicidio, ya que no soportan el dolor, la soledad y la miseria que detectan por todas partes. Igualmente, los familiares de los suicidas se quedan con un sentimiento amoroso muy intenso en sus corazones. Un sentimiento de amor que se ve incrementado por la incomprensión que queda en su interior por el acto cometido por el suicida.

4.- ¿Cómo se documentó, tanto en temas relativos al suicidio como a aquellos de índole entomológica, para escribir esta novela?
Mi faceta periodística me permite acceder a muchos temas que, en algunas ocasiones, acaban convirtiéndose en novelas. Hace algunos años la revista Interviú me encargó hacer un reportaje sobre la primera colonia de mosquitos tigre detectada en España. Para realizar aquel reportaje contacté con entomólogos que llevaban años buscando a ese mosquito. Me pareció una labor fascinante. De ahí saqué la idea para convertir a mi personaje principal, Julio, en un entomólogo cuya labor consiste en buscar el primer ejemplar de mosquito tigre en España.
El otro tema, el del suicidio, nació espontáneamente. Era un tema que me interesaba desde hacía años. Para documentarme contacté con Carmen Tejedor, la experta en suicidios más importante de España, ubicada en el Hospital Sant Pau de Barcelona. Un día me pidió que hiciera un documental sobre el tema para uso interno del hospital. Acepté encantado, entre otras cosas porque eso me permitió adentrarme en la problemática del suicidio de un modo mucho más eficaz. Ese documental –hoy de uso cotidiano en todos los hospitales psiquiátricos de España- me ayudó a comprender cómo funciona la mente de un suicida.

5.- ¿Cree, como lo hace en determinado momento Julio, que estamos rodeados de suicidas en potencia, la mayoría controlados por antidepresivos u otros elementos como la televisión o el alcohol, por ejemplo?

Las estadísticas demuestran que el suicidio es mucho más frecuente de lo que podemos sospechar. Es la primera causa de muerte violenta en el mundo, muy por encima del homicidio o incluso los accidentes de tráfico. Cada día se suicidan 2.233 personas en el mundo, 1 cada 40 segundos, por tanto una media de un millón de personas al año; por el contrario, cada día se cometen 1.424 homicidios, 1 cada minuto, y hay 849 muertos por conflicto armado, 35 cada hora. En España hay 3.500 personas que se suicidan cada año, frente a 400 homicidios y 6.000 muertos por accidente de tráfico.

Y todavía hay más datos que responden a su pregunta: por cada suicidio consumado, hay 30 intentos de suicidios fracasados. Es decir, que por cada persona que muere, hay 30 que han intentado morir. Si en España tenemos 3.500 suicidas al año, tenemos a unas 100.000 personas que lo intentan durante ese mismo periodo de tiempo. Es una cifra escalofriante que hace pensar que sí, que estamos rodeados de depresivos y suicidas en potencia. Además, según las estadísticas, de esas 100.000 personas, un 12% habrán logrado suicidarse en el plazo de diez años respecto a su primer intento, y una de cada tres volverá a intentarlo en breve. Hablando con claridad: el suicidio es la gran epidemia del siglo XXI.

6.- ¿Cuánto de crítica social, pero también de confesión, de ficción y de realidad, hay en su novela?
Lógicamente, esta es una pregunta trampa. Entiendo que mis nueve años dedicándome a abordar el tema de la muerte desde distintas ópticas pueda hacerme parecer un escritor algo macabro. Pero mi condición de escritor me permite tomar distancia con los temas más oscuros del alma humana.
Hace poco leí una declaración del escritor Haruki Murakami. Decía que su condición de escritor le permitía descender hasta el subconsciente y regresar al exterior sin problemas. Estoy absolutamente de acuerdo con estas palabras.

7.- ¿De qué temas, piensa, no queremos hablar nunca las personas? ¿Son esos temas, precisamente, sobre los cuáles le interesa hablar?

Las personas no quieren hablar de la muerte y, claro, un día llega la muerte y nadie está preparado para recibirla. Si habláramos abiertamente de ese tema, la aceptaríamos con más naturalidad.

8.- Al abordar temas como la muerte, la soledad o la locura en tus libros, ¿cuál piensa que es el terreno del cual se debería encargar la literatura –la suya al menos- en estos días?

No tengo ninguna idea concreta sobre cómo debe ser la literatura o, mejor dicho, creo que la literatura debe abordar absolutamente todos los temas, desde los más absurdos hasta los más serios. Por eso respecto a los autores de todas las cuerdas: literatura negra, literatura pop, literatura posthumana, literatura ciberpunk.... Sin embargo, creo que hay una literatura que debería de ser más tratada y que, sin embargo, abordan muy pocos autores españoles de mi generación. Esa literatura estaría cercana a lo que hace cincuenta años llamaban ‘literatura del compromiso’. Me refiero a una literatura que pretenda afectar a la realidad, que cree debate, que aborde cuestiones de las que la prensa no se hace eco de un modo sincero. Creo que los autores de mi generación se inclinan hacia ciertas corrientes estéticas o experimentales de enorme interés metaliterario, pero de poco interés para los lectores normales y corrientes. Mi interés está en la gente de la calle, no en la gente de mi círculo laboral.

9.- David Foster Wallace escribió que la literatura debía cumplir con la misión de perturbar a quienes están en paz y ofrecerle consuelo a quienes la han perdido. ¿Comparte esa visión?

Suscribo totalmente esta idea de la literatura. De hecho, puedo afirmar sin ningún tipo de pudor que toda mi obra de ficción se basa en esa idea: perturbar a quienes están en paz y ofrecer consuelo a los que perdieron la paz. En este sentido, ‘Los bosques de Upsala’ pretende dar una explicación a los familiares de los suicidas. Durante la investigación de este libro hablé con muchas personas que habían perdido a familiares por culpa del suicidio. El sentimiento de abandono de estos parientes es extraordinario. Existe un tabú enorme respecto al tema del suicidio, un tabú que hace que la gente que perdió a familiares por culpa del suicidio no pueda en algunos casos ni mencionar la palabra suicidio. He conocido a gente que no puede mencionar esa palabra porque tienen un bloqueo mental al respecto y porque les avergüenza reconocer que tienen un suicida en su familia. Mi trabajo pretende rendir homenaje a cuantas familias sufren en su seno ese problema. Y, por el otro lado, también quiero ‘perturbar a quienes están en paz’, es decir, explicar a la gente que hay una gran parte de la población que tiene pensamientos suicidas o que sufre las consecuencias de esos pensamientos en sus familiares. Quiero que la gente se entere de eso y que, de una vez por todas, exijan al gobierno que tome cartas en el asunto. Porque el suicidio tiene tratamiento médico. Si el gobierno hiciera campañas al respecto, campañas tan severas como la que se está haciendo contra los accidentes de tráfico, el 95 por ciento de las personas con pensamientos autolesivos dejarían de tenerlos.

10.- ¿Qué dirección piensa tomar a partir de ahora en tu narrativa?

Lo cierto es que tengo muchas ganas de abandonar el tema de la muerte, al menos de un modo directo. Quiero decir que deseo alejarme de los personajes que tengan un contacto muy directo con la muerte, bien sea porque trabajan en oficios vinculados con la misma, bien sea porque piensan continuamente en ella. Fíjese que las tres novelas de la ‘Trilogía de la muerte urbana’ están escritas en primera persona. Esto significa que, durante nueve años, he tratado de ponerme en la piel de personas que no hacen más que pensar en la muerte. Este ejercicio ha sido en parte doloroso, aun cuando no me haya afectado de un modo especial. En ese sentido, me hago propias las palabras de Thomas Bernhard: ‘No pienso en absoluto en la muerte, pero la muerte piensa constantemente en mí’. Ahora, nueve años después de haber iniciado este proyecto, quiero mirar la vida desde otra perspectiva. Por eso estoy empezando a torcer la mirada hacia la guerra. Sé que puede parecer que escribir sobre la guerra es escribir, de nuevo, sobre la muerte. Pero no es cierto. En la guerra se extreman todas las emociones, desde las positivas (amor, amistad, honor) a las negativas (destrucción, dolor, de nuevo muerte).

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