lunes, 16 de enero de 2012

Calentamos motores para arrancar 2012 con Patricio Pron


El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia
Mondadori
199 pag.

Comentario de Luís Rodríguez

          Hace unos años, un articulista de El País reflexionaba sobre el escaso éxito de los escritores argentinos en España y viceversa. Muertos Sábato y Fogwill, quizá los nombres más destacados de aquella literatura son el prolífico Aira, que está publicando a parecido ritmo Mondadori con muy buen trato crítico, y Piglia, autor de la extraordinaria Respiración Artificial, y su última obra, Blanco nocturno, que ha conseguido el premio Rómulo Gallegos y el de la Crítica. Estos autores son bien conocidos en España, sin duda, pero los demás, con excepción quizá de Tomás Eloy Martínez, de cuya edición se ocupa Alfaguara, los demás tienen más complicado su difusión si no viven aquí.
          El hecho es llamativo, máxime si se tiene en cuenta la buena salud de aquella literatura. Dos de los premios más prestigiosos, el Alfaguara y el Biblioteca Breve, recayeron en escritores argentinos, Andres Neuman ganó el primero en el 2009 y Saccomanno el segundo en el 2010. Recientemente, la revista Granta seleccionó  22 autores menores de treinta y cinco años que a su juicio encarnaban el futuro más prometedor en  nuestra lengua. Pues bien, ocho de aquellos veintidos, más de la tercera parte, son argentinos.
          Precisamente, Patricio Pron es uno de ellos. Pron vive en España y publica en Mondadori. Yo lo conocí cuando obtuvo el premio Jaen de Novela 2008 con El comienzo de la primavera. Después vinieron un libro de cuentos, El mundo sin las personas que lo afean y lo empeoran, extraordinariamente bien tratada por la crítica, y esta que nos ocupa, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia.
          Vaya por delante que esta novela no me ha gustado.
          El espíritu… está dividido en cuatro partes y un epílogo, y cada una en fragmentos  numerados. Se  compara a Pron con Bolaño y Sebald; yo creo entender la intención, pero no es ni uno ni, mucho menos, el otro, no encuentro la escritura fluida de Bolaño ni el pasmoso peso de la Historia con que nos carga Sebald.
          El primer capítulo de El espíritu… es una promesa de literatura de primera calidad; Pron es un escritor dotado que sitúa el relato en un plano exigente y despliega una técnica literaria admirable. Sabe escribir bien, tiene voz propia, sin duda, que no es Bolaño ni Sebald ni Marías. Nos dice que se encuentra en Europa y recibe la noticia desde Argentina de que su padre está muy enfermo. Decide regresar,  lo cuenta en cincuenta páginas, a mi juicio brillantes, capaces de crear una expectativa que choca estrepitosamente con el resto del libro.
          El narrador, el propio Pron, que ha visitado a su padre en el hospital, encuentra, cuando llega a casa, una carpeta con información que su padre  ha venido acumulado sobre la desaparición de Alberto Burdisso, amigo de la infancia.
          Se habla de simetrías, el hijo frente al padre, el padre y Burdisso, la hermana de Burdisso, la memoria; no acabo de verlas. Quizá toda la culpa la tenga mi entusiasmo, quizá, o saber que Pron es un gran escritor, quizá, pero he terminado leyendo las últimas páginas en oblicuo.