sábado, 26 de noviembre de 2011

Acta del Jurado del 2º Certamen de Microcuento FANTASTI’CS 2011

Reunidos los votos del jurado del 2º Certamen de Microcuento FANTASTI’CS 2011 formado por:

Juan Vicente Centelles
Ricardo Acevedo E.
Carmen Rosa Signes U.

De un total de 258 microcuentos presentados, proclama como ganador el cuento:

“HANUCH“  de Laura Corina Roullier

El jurado destaca su original enfoque del absurdo y el terror, dentro de un marco cotidiano que juega con una pizca de humor y un toque de gore.

La Organización agradece la masiva participación y la alta calidad de los textos presentados.
Gracias a todos.

La Organización
Y ahora os dejamos con el texto ganador en espera que la afortunada autora se ponga en contacto con nosotros en el mismo correo en el que participó.
“HANUCH“

Ubica el instante de su hundimiento cuando le salió el tercer ojo.
Al principio hasta le pareció un detalle curioso, algo que comentar con los amigos y utilizar para crear una suerte de leyenda alrededor de su persona. Días después, cuando el cuarto ojo apareció a la altura de su entrecejo, empezó a ponerse un pelín nervioso: no era fácil enfocar con el globo ocular clavado en el puente de la nariz, pero bastaban las miradas de extrañeza que sus admiradores le dedicaban para aguantar la molestia. Más complicado fue sobreponerse al quinto y al sexto, que decidieron colocarse encima de las sienes y provocar desde entonces unos insoportables dolores de cabeza cada vez que parpadeaba. Este malestar fue en aumento cuando el séptimo surgió de entre la piel arrugada de su barriga, en una asquerosa fusión con lo que alguna vez fuera su ombligo; este ojo en particular se reveló como una fuerza centrífuga impresionante, al parecer en conexión con su estómago, hígado y otros órganos vitales, los cuales, para su horror, descubrió que podía observar si perdía la mirada en el vacío.
Cuando quiso darse cuenta, había alcanzado ya la decena de ojos anormales y se sentía vigilado día y noche por este ejército de irises ensangrentados. Comenzó a considerar a esos intrusos como la macabra prueba de alguna enfermedad que le estaba aniquilando, de modo que, alentado por detener semejante sufrimiento, optó por unas medidas igual de radicales: tomó treinta y dos agujas, una por cada ojo en el recuento final, y se las clavó repetidas veces en todos y cada uno de los cristalinos con la firme intención de cegarlos para siempre. Un líquido imparable que tastaba a lágrimas y sangre brotó por entre las mil pestañas, cubriéndole todo el cuerpo.
Ubica el instante de su hundimiento cuando el ojo de su garganta también empezó a llorar.

AUTOR: Laura Corina Roullier

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