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La Línea del meridiano a la venta en Argot

M es un desconocido, un extranjero tal vez, que llega a la ciudad una mañana de finales de verano a intentar ocupar un puesto de trabajo. Comportamientos que en un principio parecen fruto del azar, irán desvelando un hilo conductor marcado por el recuerdo involuntario de otros lugares y el inexorable paso de las estaciones.
El encuentro con personajes que buscan en el horizonte un destello de luz o la estrella que guíe sus vidas en una frase leída en el periódico, llenan la historia de un anhelo nunca satisfecho. Evocación constante del paisaje como metáfora del horizonte que jamás sobrepasamos: La Línea del Meridiano es el más extenso de estos relatos.

Miguel R. Aráez Moreno (Torrevieja, 1970); profesor de Francés con plaza definitiva en el IES Llombai de Burriana. Atrapado desde siempre por la literatura, ha pasado largas temporadas en Burdeos, Toulouse, Perugia, Gerona o Castellón entre otras ciudades. Fruto de este deambular es el volumen que ahora publicamos.

Aquí leerás parte de un capítulo:
La gloria del sol resplandecía sobre La Torre Campanario de Burriana la mañana del Domingo de Ramos, por encima de las antenas de las terrazas surcaban las disparatadas trayectorias de los vencejos, y los primeros bañistas extendían sus toallas en la Playa del Arenal. Desde el Este remoto, arribaba el Gregal, que avanzaba desde el Grao y se filtraba por la ventanas entreabiertas, por las ramas de los naranjos, por los pétalos de las rosas de los jardines, por las cañas de las veredas, acariciando las caras agrietadas de los ancianos, los rostros saludables de las muchachas y se instalaba en el todavía frío interior de muchas habitaciones, a causa del apenas superado invierno.
Las campanas de la iglesia de El Salvador tocaban las doce del mediodía.
Hacía mucho tiempo que M no nadaba en paralelo a la costa, abriendo los ojos en breves intervalos para ver su sombra proyectada sobre los surcos del fondo arenoso. Era como el primer trago de cerveza fría de la temporada.
Cuando salió del mar un ligero escalofrío le atravesó la espalda.

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