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Los peces no cierran los ojos, de Erri de Luca


Los peces no cierran los ojos
Trad. Carlos Gumpert
124 pag.
Editorial Seix Barral

Comentario de Luis Rodríguez

          A veces, leemos la reseña literaria con posterioridad al libro, casi siempre buscando la complicidad del crítico; reconocemos su autoridad hasta que lo despreciamos si su análisis no coincide con el recuerdo que guardamos de la obra. Otras, quizá la mayor parte, no. En esos casos, nunca leo una reseña que me cuenta el argumento, no me gusta saber que la muchacha emigró a Alemania con seis años y regresó a los doce, que, en el segundo tercio del libro, con dieciocho años, conoció a un tipo más chaparro que fuerte, y lo que sucedió después. Por gustar, no me gusta leer los prólogos, que convierto todos en epílogos, ni las contraportadas.
          ¿Qué criterio sigo entonces para elegir un libro? Varios: la editorial, el autor, una recomendación de alguien que valoro, abrirlo y leer la primera página…
          Dicho esto, voy a contar el argumento de Los peces no cierran los ojos. Trata del verano de un niño de diez años en la costa napolitana. He querido contarlo, seguro de que no entro en conflicto con todo lo dicho, precisamente para no espantar al lector, al que oiga o lea que trata de eso, de la historia de un niño de diez años en una playa del sur de Italia durante un verano, y el asunto no le tiente.
          Erri De Luca (Nápoles, 1950), es un escritor conocido en Europa, y muy valorado en Francia e Italia. En España no tanto, aunque hace años que podemos leerlo traído primero por Akal, que publicó Aquí no, ahora no, y Montedidio, y después en Siruela: El día antes de la felicidad, El contrario de uno, Tras las huellas de Nives, El peso de la mariposa, En el nombre de la madre, todas ellas con traducción de Carlos Gumpert, como esta de Seix Barral.
          Tuvo diversos oficios, fue albañil y camionero; militó en la extrema izquierda italiana, creó  el movimiento Lotta continua; participó en el conflicto de los Balcanes prestando ayuda humanitaria; fue alpinista, aprendió ruso, yidish y hebreo; ha traducido La Biblia.
          Me arrimo – dice De Luca en Los peces…a través de la escritura a mi yo de hace 50 años, para un jubileo privado mío. Eso es exactamente esta obra, el acercamiento de una voz madura y lúcida a una franja de tiempo de los diez años del propio autor. No es exactamente una novela de iniciación, ni el autor se situa en el punto de vista del niño para, desde ahí, con esa edad y las expresiones propias de ella, contarnos su historia, no. La prosa es casi lírica, de frases cortas, muy cuidadas. Lo que pudiera ser un reproche al texto, utilizado intencionadamente por el autor, se convierte en valor de primera magnitud: los diálogos son improbables, como muchas de las reflexiones que surgen de las anécdotas recogidas. Es el autor de hoy, con todo su bagaje, quien nos trae su historia.  Cincuenta años después – escribe – me arrimo a esa edad de archivo de mis formatos sucesivos. Lejos de allí he consumido la grasa de ese yo mismo, borrando variantes. En aquel cuerpo sumario estaba la conmoción y la cólera de los años revolucionarios, en el latín estaba el adiestramiento para las lenguas sucesivas, en el cráter del volcán estaban las montañas que subiría a cuatro patas. En los escombros reposados de la guerra estaba la de Bosnia que yo atravesaría y las bombas italianas sobre Belgrado del último año del 1900, que yo recibiría asomado a la ventana de un hotel con vistas al Danubio y al Sava.
De Luca  lo repite en sus entrevistas,  como le da pereza inventar, busca la ficción en su propia vida.
          Hay que leer Los peces no cierran los ojos, disfrutar su belleza e inteligencia, y, si fuera posible, que su mirada nos contamine.

Comentarios

Broches Chulis ha dicho que…
Me gusta este blog, me hago seguidora para estar al día de todo.
Muy bueno.
:)
Juan Vicente Centelles ha dicho que…
Estoy con los peces no cierran los ojos. Es un orgasmo leerla. Frases que parecen no tener sentido las vuelves a leer y te embriagan. Este tío va a salto de mata contando su vida y describiendo los momentos que le hicieron feliz pero que acaban por ser Universales. Luca rebusca en las palabras y en las situaciones para que corten y dejen marca en el lector. Si esta noche los niños duermen leeré un rato más, pero necesito estar tranquilo. Por cierto, un libro ideal para leer en verano.

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