En Arquitectura para los pobres Hassan Fathy relata su propia experiencia en la concepción, planificación, diseño y construcción de Nuevo Gourna, una población en las afueras de El Cairo pensada para realojar a los pobladores de un antiguo asentamiento de excavadores arqueológicos. Este poblado de nueva creación fue la primera tentativa de Fathy de aplicar a gran escala su concepto de arquitectura social, convencido de que la arquitectura podía y debía crear entornos favorables al desarrollo del ser humano por encima de cualquier otro objetivo. Es, por tanto, el relato de unas grandes aspiraciones: el intento de mejorar la sociedad desde la arquitectura trabajando sobre la sostenibilidad ecológica, el uso de materiales y técnicas locales y la implicación de los habitantes en la construcción como medio de empoderamiento. Es también la historia de un relativo fracaso, achacable en cualquier caso no al arquitecto sino a la intrahistoria del proyecto: las trabas burocráticas, la falta de medios y la inercia vital de aquellos a los que se intentaba favorecer impidieron el éxito total, aunque ello en absoluto invalida unas ideas realmente valientes. Además de ser una apasionante y vívida crónica, el libro presenta esta experiencia como una actuación generalizable y, por lo tanto, de posible aplicación en situaciones similares. Francis Diebedó Kéré, cuyas actividades y actitudes corren paralelas a las de Fathy ha redactado unas líneas certeras como presentación. El sostenido interés de los medios especializados por ambos arquitectos demuestra que la vía hacia una arquitectura sostenible que Fathy abrió sigue teniendo plena vigencia, pues sus ideas fomentan una verdadera arquitectura de la dignidad.
Santiago de compostela EL MILAGRO El periodista y narrador gallego Daniel Asorey ha descrito Santiago con exquisita precisión, cariño por el detalle y calidad narrativa. De sus mitos patrimoniales a sus rincones más íntimos; de la solidez de la historia a las crónicas cotidianas de las compostelanas y compostelanos. Y junto a él la ilustradora Blanca Millán ha puesto en pie una ciudad de colores pardos, grisáceos y cerúleos junto al color veraz que imprimen sus gentes. Los textos en lengua galega que ha escrito Daniel Asorey han sido traducidos por el editor Héctor Cajaraville al castellano. Daniel Asorey escribe: «Compostela es un milagro. Alguien podría pensar que esto parece una exageración interesada de quien vive en ella. Pero en este caso es real, os lo aseguro. Me lo confesó una sombra. Hay ciudades que surgen de antiguos asentamientos, de fortificaciones, de enclaves o de rutas comerciales»

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