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Las paradojas de sigurd lewerentz DEL CLASICISMO AL ESTILO TARDIO


Sigurd Lewerentz era para mí una figura prácticamente desconocida cuando en el verano de 1993 tuve la oportunidad de visitar sus obras más importantes, obras que me impactaron profundamente y, debo reconocer, influyeron en mi posterior trayectoria proyectual. El acercamiento a Lewerentz que propongo en estas páginas tiene, pues, un carácter personal que brota del sentimiento de sorpresa, admiración y misterio que su obra me provoca.
Lewerentz es, a la vez, actual e inactual, moderno y antimoderno, siempre inclasificable en cuanto seguidor de su propio camino. No es un maestro al que se pueda entender ni a partir del análisis estilístico de sus obras ni de la interpretación de sus textos (que nunca escribió). Sus obras son únicas, singulares, inimitables, fruto del trabajo experimental de aquel que va forjando progresivamente su trayectoria. He querido ensayar el concepto de estilo tardío ùcon el que destacados críticos han analizado las obras finales de maestros como Beethoven, Rembrandt, Poussin o Miguel -ngelù al que pertenecen sus últimas obras, las más interesantes vistas desde nuestro presente contexto cultural.
La obra de Lewerentz es una obra difícil, no hay que esperar de ella certezas o caminos fáciles de seguir. Por el contrario, los que reconocen que la arquitectura es un universo complejo pero que, si se desarrolla en profundidad y sin recetas, puede llegar a alcanzar algunas de las experiencias más intensas del saber humano, estarán en condiciones de reconocer en la arquitectura del maestro sueco una ruta abierta y transitable.


 

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