Es difícil querer a esta ciudad. Madrid duele. Sobre todo a los madrileños. Si uno no es cómplice de la barbarie, salir a la calle es llorar viendo el panorama de fachas y fachadas. Madrid ha acabado su proceso de conversión en madrastra mala de cuento de niños. Lleva décadas en ello. Hoy, vencido y desarmado, el vecindario ha terminado por aceptar el papel de ratón tirando de una carroza de calabaza hueca. La chicha se la han comido otros. Nosotros, por nuestra parte, seguiremos paseando esta ciudad mostrenca, rebuscando en la memoria para reconocer las esquinas, atisbar los árboles talados, los comercios cerrados y los vecinos lanzados al hiperespacio de la gentrificación. Tranquilos que no nos vamos a perder, llevamos un plano y es sencillo de seguir, porque Madrid se está urbanizando siguiendo el patrón de los servicios de los bares: al fondo a la derecha.
Santiago de compostela EL MILAGRO El periodista y narrador gallego Daniel Asorey ha descrito Santiago con exquisita precisión, cariño por el detalle y calidad narrativa. De sus mitos patrimoniales a sus rincones más íntimos; de la solidez de la historia a las crónicas cotidianas de las compostelanas y compostelanos. Y junto a él la ilustradora Blanca Millán ha puesto en pie una ciudad de colores pardos, grisáceos y cerúleos junto al color veraz que imprimen sus gentes. Los textos en lengua galega que ha escrito Daniel Asorey han sido traducidos por el editor Héctor Cajaraville al castellano. Daniel Asorey escribe: «Compostela es un milagro. Alguien podría pensar que esto parece una exageración interesada de quien vive en ella. Pero en este caso es real, os lo aseguro. Me lo confesó una sombra. Hay ciudades que surgen de antiguos asentamientos, de fortificaciones, de enclaves o de rutas comerciales»

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