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La roja insignia del valor


La roja insginia del valor
Stephen Crane
Trad. Juan Aparicio-Belmonte y María Ermitas Barrasa


Comentario de Luis Rodríguez:

Situados en 1894, esperar que un joven de 23 años se siente a escribir una novela ambientada en la guerra civil americana, acabada cinco años antes de que él naciera, y no hable de cargas gloriosas, el brillo y la avidez de los sables o el sudor de los caballos, es arriesgar mucho, aunque quizá uno lo haga con la secreta esperanza de que el autor, a pesar de su juventud, vuelque en sus páginas la preocupación por el trasfondo ideológico, social o económico del conflicto. No. Stephen Crane no lo hizo, por eso lo estamos comentando, porque inauguró un género, el del relato bélico sin épica que cuenta la guerra desde dentro, con miedo, barro, caos y desesperación; una brecha abierta que fue utilizada décadas mas tarde por autores como William Faulkner, Norman Mailer, Remarque o Kurt Wonnegut.

La roja insignia del valor tuvo un éxito inmediato. Cambió su vida, fue contratado como corresponsal de guerra en el conflicto greco-turco y la guerra de Estados Unidos con España en 1898, y conoció a los escritores más importantes de la época, que alabaron su obra, como Henry James, o Conrad; por cierto, este último escribió que su tenor era muy tranquilo, su personalidad interesante a primera vista y su forma de hablar encerraba una parsimonia y entonación que en algunas personas, principalmente en los americanos, creo que ejercía un efecto desagradable. A mí, no. Sabía poco de literatura, pero cuando tomaba la pluma era un fantástico artista de las palabras.

Stephen Crane (1871-1900) dejó escritos doce libros y murió muy joven de tuberculosis en el balneario de Badenweiler, el mismo lugar donde moriría cuatro años más tarde Anton Chéjov.

La obra tiene muchos méritos propios, que son mayores si tenemos en cuenta lo dicho, pero a mí me ha gustado especialmente la voz narrativa, cómo se sitúa en el joven Henry Fleming para recorrer el campo de batalla como un candil errático y confundir, cuando le interesa y en un alarde virtuoso, al muchacho con su regimiento.

Hoy La roja insignia del valor es una obra muy difundida, se lee en las escuelas americanas y hay una versión cinematográfica de 1951 firmada por John Huston. Mondadori se sirve en esta edición de la traducción que hicieron Juan Aparicio-Belmonte y María Ermitas Barrasa para Rey Lear, editorial que publicó también, traducida por los mismos, Heridas bajo la lluvia. Quizá interese que hay una novelización de sus últimos años escrita por un autor reconocido, Edmund White; es Hotel de Dream, publicada en España por Lumen.

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