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Hablamos del Premio de novela Tusquets 2009, Sergio Olguín (Buenos Aires, 1967) con Oscura monótona sangre


Oscura monótona sangre
Editorial Tusquets
184 pag.

Comentario de Luis Rodríguez:

Le estoy muy agradecido a la industria editorial porque ha puesto en mis manos cientos de libros sin los cuales mi vida, estoy seguro, hubiera sido distinta. Comprendo que es un negocio y que el editor hace lo que puede, como el fontanero, el escayolista y hasta el agrimensor; si convoca un premio literario y eso le ayuda a vender, qué; si el premio, en aras de esa venta, es “dirigido”, qué le vamos a reprochar; a mí tampoco me gusta que me digan cómo debo hacer mi trabajo, porque sin duda, como le pasa al editor, me mueven la experiencia y mi capacidad.
En el año 2005, una editorial que nos gusta, Tusquets, convocó su primer premio de novela. El premio fue declarado desierto, dijeron que la calidad de las obras presentadas no respondía a su exigencia, qué bien. En el 2006, los miembros del jurado tuvieron más suerte y premiaron una buena novela, una novela excelente, Los ejércitos, de Evelio Rosero. En el 2007, otra destacada, Balas de plata, de Elmer Mendoza, pero en el 2008 volvió a quedar desierto. Estábamos ante un premio riguroso e imperturbable al cierzo empresarial.
En el 2009 lo ganó Sergio Olguín (Buenos Aires, 1967) con esta Oscura monótona sangre. Sergio es un escritor de la casa, no importa, también lo es Fernando Aramburu, que lo consiguió el último año. Sergio describe un descenso a los infiernos, tampoco importa; antes las novelas trataban de un viaje, una pasión, un delito o el paso del tiempo, ahora preocupa eso que llaman “lado oscuro”. Sergio mantiene el ritmo narrativo, cosa de mérito, pero Oscura monótona sangre no es una buena novela. El dice en alguna entrevista que se fijó en Simenon y su sencillez expresiva para presentarnos un perfil argentino, un empresario hecho a sí mismo, hablarnos de los cartoneros, la corrupción y el deseo, para recorrer sus calles. Sergio ha confundido concisión y sencillez con facilidad y falta de ambición. Simenon escribió obras perdurables en una semana; Sergio, que no es Simenon, empleó tres meses en escribir esta obra; no hacía falta que lo dijera al final, se nota.
Quizá el que este premio fuera declarado desierto el primer año tenga otra lectura.

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