Con frecuencia vemos en las televisiones imágenes de las personas refugiadas, incluso, en ocasiones, dramáticas escenas de niños ahogados o muertos en mitad del desierto. Asistimos con impotencia, pero también con inacción, a esos hechos cada vez más habituales. Casi ochenta millones de personas en el mundo son refugiados. Por una guerra, por cuestiones políticas, de sexo, de religión, incluso por el cambio climático que se está produciendo en el planeta. A ellos se unen, hambre y la pobreza, intentan trabajar en otro país. La línea, entre refugiados e inmigrantes es cada vez más fina y sigue creciendo ante la poca eficacia de los países ricos. Este libro pretende hacer visibles a los refugiados, pero al mismo tiempo quiere ser un reconocimiento a la labor de las ONG y de los voluntarios que llevan décadas ayudando a los más desprotegidos. Los refugiados son personas como cualquier de nosotros. Hay una vida, detrás de esas vidas. El cine captura esas historias de seres humanos que sufren y luchan por salir adelante. Las imágenes que trasmite la pantalla no son tan perecederas. Están ahí para recordarnos esas situaciones límites que, año tras año, aumentan en todo el mundo. El cine, las películas, son testimonio y denuncia de todo cuanto ocurre en nuestro tiempo.
Santiago de compostela EL MILAGRO El periodista y narrador gallego Daniel Asorey ha descrito Santiago con exquisita precisión, cariño por el detalle y calidad narrativa. De sus mitos patrimoniales a sus rincones más íntimos; de la solidez de la historia a las crónicas cotidianas de las compostelanas y compostelanos. Y junto a él la ilustradora Blanca Millán ha puesto en pie una ciudad de colores pardos, grisáceos y cerúleos junto al color veraz que imprimen sus gentes. Los textos en lengua galega que ha escrito Daniel Asorey han sido traducidos por el editor Héctor Cajaraville al castellano. Daniel Asorey escribe: «Compostela es un milagro. Alguien podría pensar que esto parece una exageración interesada de quien vive en ella. Pero en este caso es real, os lo aseguro. Me lo confesó una sombra. Hay ciudades que surgen de antiguos asentamientos, de fortificaciones, de enclaves o de rutas comerciales»

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